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Remedios, Antioquia

El campo exige la paz

A Gerardo Acero no le tiembla la voz si debe hablar por el bien de su comunidad. Este campesino del noroccidente del país y víctima del conflicto armado se dirige al gobierno y le pide cumplir con lo pactado en La Habana.

Si alguien caminaba por las calles de Remedios, Antioquia, podía cruzarse con un integrante del ELN, ‘Los Rastrojos’ o ‘Los Caparrapos’. Si alguien solicitaba al Ejército, le alegaban con más miedo que confianza… Gerardo Acero suspira. Se cansó de enumerar las problemáticas y esos hechos que tanto aquejaban a su municipio. Prefiere hablar de algo mejor. Toma impulso y cuenta, una vez más, que nada ha disminuido su deseo de paz y reconciliación.

Gerardo trabaja en la Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño (Cahupocana), una iniciativa creada en el 2004 que defiende los derechos humanos de los campesinos de Segovia y Remedios, dos municipios asediados por los paramilitares. Recuerda la ilusión que tuvo en 2016 con la firma del Acuerdo de Paz. En convenio con la ONU y la Universidad Nacional, los campesinos sugirieron propuestas que favorecerían a la comunidad rural. En un instante, su sonrisa cambia a una expresión de desconcierto. Levanta su sombrero y se frota la cabeza. La respuesta del gobierno ha intensificado el desconcierto y la preocupación en las áreas rurales.

Los campesinos o las organizaciones a las que pertenezco o con las que hemos trabajado nos identificamos con la paz, con la reconciliación y por querer un espacio para que todos podamos vivir una vida digna”, dice. Debajo de su bigote canoso y poblado, se dibuja una sonrisa. Esa fue una de las razones por las que asistió al Cuarto Encuentro por la Verdad, un evento dirigido por la Comisión de la Verdad que reunió a más de 250 campesinos de todo el país.

Con ánimo y fuerza, como quien quiere contar un relato de vida doloroso pero de resiliencia, Gerardo cuenta su historia.

Campesinos y actores armados: sujetos del conflicto

Gerardo fue desplazado en varias ocasiones. Estuvo en Cali, Putumayo y hasta Bogotá, a pesar de declararse enemigo del frío capitalino. Ahora vive en una vereda apartada de la cabecera municipal. Solo puede acceder y salir por una carretera destapada y las pésimas frecuencias del transporte local empeoran la situación. Debido a su trabajo debe viajar y recorrer largas distancias. Por ejemplo, si debe ir a Medellín, un viaje en buenas condiciones dura un día, debe costear $160.000 por dos trayectos en moto, pagar alimentación y, si es necesario, alojamiento. Con sarcasmo, dice que está acostumbrado a esos trayectos que parecen eternos pero que seguirá quejándose de las dificultades de movilización.

Sin embargo, ese el problema que menos le preocupa.

Cuando habla del conflicto armado, cuenta que es proporcional a la intranquilidad de sus vecinos y amigos. El ELN, ‘Los Caparrapos’ y ‘Los Rastrojos’ son los operadores de justicia en Remedios, Antioquia. Gerardo recuerda la “política criminal de bloqueo económico y sanitario”, una estrategia que los actores armados implementaron para intimidar y sobornar a los campesinos. Bloquearon las vías y evitaron la entrada de alimentos e implementos de aseo. Ante eso, la comunidad solo respondió -y venció- con denuncia y movilización.

Gerardo llegó al municipio en el 2006 y, desde ese momento, «ha dado la pelea» para proteger el campo. Para esta lucha por la tierra y la paz, el trabajo comunal ha sido la mejor herramienta. Gracias a su esfuerzo y el de sus colegas, la Unidad de Atención y Reparación Integral de Víctimas (UARIV) reconoció a los campesinos de Remedios como objeto de reparación.

Durante este proceso, la Unidad de Víctimas verifica el estado del trabajo hecho por los campesinos y el presupuesto que se designará para la reparación. La institución ha dado tres años para llevar a cabo el procedimiento pero los campesinos ya adelantaron labores. Han realizado actividades y planeado otras que servirán para dar cuenta de su calidad de víctimas. Hombres y mujeres se reunieron dos días, mínimo, a la semana, analizaron qué ocurrió en el conflicto y proponían alternativas para el campesinado.

Entre 1990 y 2013, se registraron 218 acciones por el conflicto armado. (Diccionario Geográfico de Colombia) En cuanto a los desplazamientos, la Unidad para la Atención y Reparación Integral de Víctimas (UARIV) reporta 6.764 personas desplazadas en el 2012.

Posterior a la firma del Acuerdo de Paz, varios líderes y lideresas del municipio han denunciado amenazas por redes sociales y WhatsApp.

Foto: © Facebook Cahucopana Nordeste

Gerardo prefiere pasar por una persona acelerada que desprevenida. Tiene una petición permanente. No quiere que se repita la historia de aquellos procesos que iniciaron pero que, por dificultades económicas o el mismo conflicto armado, no finalizaron. “Los muertos ya quedan muertos y eso no se repara, pero ¿los daños causados? -dice-. Hay que trabajar para encontrar una solución».

Su trabajo sobre la ejecución extrajudicial ha registrado 18 casos en el Magdalena Medio y otros 150 o 160 del oriente antioqueño. Los datos se compartieron con la Unidad de Víctimas y la JEP para una conversación que aún está pendiente. En este hipotético escenario, los campesinos darían a conocer sus testimonios y escucharían a los actores armados para confirmar o refutar. Gerardo es consciente que todos fueron sujetos protagonistas del conflicto y eximir la responsabilidad de unos u otros sería insensato.

Por esa misma razón, también involucra a las instituciones. Gerardo comenta que la participación de estos actores fundamental, siempre y cuando los funcionarios sean garantes de la verdad y del buen actuar. Se ríe con desdén. Hace una pausa para no hablar desde el sarcasmo y se refiere esos casos opacados por los sobornos y el dinero. “Queremos respaldar la institucionalidad pero con gente honesta y transparente, que no sean asesinos ni corruptos que es lo que se ve”, dice.

En medio de la ironía, se cuela un aliento de esperanza. Menciona a sus cómplices oficiales: ACNUR, la ONU y las Brigadas Internacionales de Paz (PBI), instituciones que han sido coprotagonistas de la lucha campesina. A aquellos que no conocen su trabajo o hablan desde el miedo, los invita a dialogar y a realizar un trabajo coordinado con las comunidades para evitar esos disparos al aire o «los del gallo ciego», como él los llama: las políticas no acertadas, la desinformación y las ayudas mentirosas.

En La Guajira, la Orinoquía, la Amazonía, el Chocó, el Urabá y en las selvas de los valles de los ríos Cauca, vivían centenares de comunidades de las cuales en la actualidad quedan pocas.

Foto: © Ángela María Agudelo Urrego

La defensa de la vida

Gerardo vuelve a entonar un tono de resignación. Nos duele mucho lo que sucedió pero nos duele más lo que sigue sucediendo. A pesar de esa intención por la paz y la reconciliación, -dice- hay personas que creen que por medio de la guerra van solucionar los problemas. Esa es la equivocación más grande”. Frota sus manos y toma aire. Retoma la esperanza con la que habló al inicio y recuerda a sus compañeros de Cahucopana.

Ante la estigmatización y la violencia que ataca al campo, la respuesta ha sido y será la misma. Las comunidades alegan la reflexión, el diálogo, el bienestar de la sociedad, la protección del medio ambiente… Todas demandas que defienden la vida y el campo colombiano. Gerardo sueña con ver los terrenos de verde intenso, los cultivos coloridos de yuca, maíz, caña o fríjol; a los niños corriendo por las veredas, a los animales en las parcelas o a los campesinos caminando sin temor ni preocupación.

No olvida las cosas buenas ni mucho menos los logros, pero la ilusión no lo enceguece y recuerda que el conflicto continúa y cambia de modalidad. “Queremos que, al menos, nos dejen quietos. Si no nos ayudan, que al menos no nos molesten y nos dejen trabajar. Que no nos jodan”, dice. Al final se ríe. Quizás no quiere que su petición no suene tan agresiva.

A lo lejos, seis parejas de campesinos bailan al son de tambores y guitarras acústicas. El ritmo alegre le dibuja una sonrisa a Gerardo. Le recuerda ese ambiente festivo y autóctono del campo que tanto ama. Evoca su anhelo más grande y el motivo de su lucha: superar ese conflicto innegable que tanto daño les ha hecho a los campesinos. Una vez más, recuerda que el campo exige la paz.

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