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El impacto emocional de quienes pierden su tierra

Recordar, del latín re-cordis, significa “volver a pasar por el corazón”. Sin embargo, hay memorias que arden y duelos difíciles de desarrollar. Ahí radica la necesidad de orientar psicológica y socialmente a las víctimas de la restitución de tierras.

© Liliana Merizalde

Para una familia de Bosconia (Cesar), la muerte llegó primero que su tierra. Días antes de recuperar sus predios asesinaron al padre de seis hijos, esposo de una mujer campesina. Con un integrante menos, la familia regresó a su pueblo y se enfrentó al dolor y la ausencia. Aunque el proceso jurídico había terminado, ni los hijos ni la madre eran capaces de desarrollar el duelo. Fue necesario un componente social para auxiliar ese regreso que estaba incompleto.

Karen Suárez, psicóloga del área de tierras de la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ), recuerda con nostalgia este caso. Fue uno de los más influyentes para la apuesta de esta ONG: el libro Acompañamiento psicosocial en el proceso jurídico de restitución de tierras: estrategias metodológicas, un texto centrado en las experiencias y lecciones que dejó el trabajo con los campesinos víctimas del despojo y el abandono forzado de tierras. Fue publicado la semana pasada y busca ofrecer una visión integral de la restitución.

Hay que pensar lo psicosocial como el conjunto de lo que somos como seres humanos. Somos personas sociales, nos vemos afectadas no solamente por un ámbito de la vida sino por varios al tiempo” , cuenta Karen. Para ella y su equipo es importante dar a entender que el proceso no se limita a lo jurídico. La restitución de tierras remueve emocionalmente a las personas y araña esas heridas que, en apariencia, estaban cerradas. No solo evoca la pérdida de plata o de un lindero, también incluye los daños familiares y emocionales. Las víctimas deben declarar, contar qué ocurrió, reconocer a sus victimarios, identificar el predio e incluso volver a él. Por eso es importante comprender este fenómeno desde lo psicosocial, un componente que resulta ser una herramienta para trabajar con las víctimas, comprender la historia nacional y la realidad campesina. Además, aporta a la reparación integral y a la construcción de paz.

“Esta falta de atención por parte del Estado a estas problemáticas es también es un gran reto. La función que propone la Comisión no es de suplir sus responsabilidades en cuanto a la atención a las víctimas”. Paula Villa, directora técnica del área de tierras de la Comisión Colombiana de Juristas.

Por el momento, el libro solo se encuentra en formato digital. Está compuesto por cuatro capítulos que abarcan los escenarios judiciales, lo psicosocial antes y después del Acuerdo de Paz, el trabajo de la CCJ y los aprendizajes que dejó esta labor. También contiene nueve anexos útiles para entender los talleres trabajados con las víctimas. La publicación contó con el apoyo de la Embajada de Suecia, que trabaja en alianza con la CCJ desde el 2013.

Ese mismo año, la Comisión inició un litigio estratégico para los casos de restitución. Este proyecto de representación judicial le apostó a la visión interdisciplinar y la atención especial a las víctimas. Abogados, trabajadores sociales, psicólogos e investigadores de la CCJ trabajaron para obtener información y recopilar testimonios. “Encontramos que los escenarios judiciales pueden permitir la reparación o la revictimización”, cuenta Paula Villa, directora técnica del área de tierras de la Comisión. Esta inestabilidad se sumó a otras dificultades como la atención estatal, la cobertura en las zonas rurales y, en muchos casos, la estigmatización de la víctima.

Cinco años después, en el 2018, decidieron sistematizar la información recolectada y compartirla con la justicia transicional y la sociedad civil. Hicieron una alianza con la Universidad Nacional de Colombia y la Facultad de Ciencias Humanas. Durante el primer semestre, recibieron tres estudiantes, luego fueron cinco y, al final, contaron ocho practicantes en total, que se convirtieron en integrantes clave del equipo.


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Durante el proceso investigativo y el trabajo de campo, la CCJ visitó varias zonas del país como Magdalena, Cesar y el Carmen de Bolívar. En este caso, la ONG trabajó con la población campesina víctima del conflicto. A partir de sus relatos y sus visitas, crearon las instrumentos de trabajo con los que obtuvieron lecciones y enseñanzas, agrupadas en el capítulo 4 del libro. Por ejemplo, allí se encuentra la ‘caja de emociones y sentimientos’, una herramienta desarrollada con el apoyo de la familia de Bosconia.

Aunque que la investigación se centró en los campesinos, también trabajaron con población indígena y afro. “Es muy enriquecedor. El proceso nos enseña a trabajar con la gente”, dice Karen.

El equipo de trabajo de la CCJ estuvo compuesto de abogados, psicólogos, trabajadores sociales e investigadores. A ellos, se sumaron los practicantes universitarios. También fue útil el trabajo de ex empleados de la Comisión.

Foto: © Cortesía Comisión Colombiana de Juristas

Por su parte, Paula recuerda una de las lecciones más significativas para ella: la confianza en la sala de audiencia. En Magdalena, el conflicto armado llevó el desplazamiento, la violencia y el abuso sexual. Los cuerpos de mujeres, niñas, hombres y niños fueron arma de los grupos armados ilegales que irrumpieron en la zona. Por casi 20 años nadie se atrevió a contar lo ocurrido. Con el acompañamiento y el trabajo de la CCJ, las mujeres víctimas narraron lo que ocurrió en medio del confinamiento. Todo fue producto de la confianza generada y del ejercicio social permanente que realizó la Comisión.

Otra gran enseñanza fue el lenguaje. El equipo de trabajo encontró personas que, dentro del proceso, no sabían con exactitud qué hacían o cuál era el paso a seguir. Hicieron un cambio. Modificaron el lenguaje, usaron términos del día a día de los campesinos y diseñaron una ruta didáctica para que entendieran el tema y aclararan sus dudas. Comprendieron que deberían usar expresiones y enseñanzas que, sin dejar la parte jurídica, fueran amenas y más amigables. Fue una buena estrategia; los campesinos pasaron de la sospecha a la tranquilidad y participaban con entusiasmo en las actividades.

 “Es un compromiso de doble vía. Las personas deben conocer su proceso, entender qué es el escenario judicial y cuáles son sus alcances y, que a su vez, los operadores judiciales puedan entender el rol y lo que ha significado el conflicto armado en la vida personal y social de las comunidades que han sufrido despojo y abandono”. Paula Villa

Estudiantes de psicología de la Universidad Nacional de Colombia realizaron sus prácticas durante dos años y fueron pieza clave para el equipo de trabajo de la CCJ.

Foto: © Cortesía Comisión Colombiana de Juristas

Aparte de las enseñanzas y del proceso investigativo, el libro es un canal para reconocer el compromiso y la importancia de las Ciencias Humanas y de la Psicología en el país. Karen habla en presente. La pandemia reavivó la discusión sobre la importancia de la salud mental. Según un informe realizado por Profamilia, el 75% de los encuestados aseguró que durante la cuarentena ha sufrido episodios de nerviosismo, ira, cansancio o impaciencia. “Así como voy al médico cada mes, es necesario ir al psicólogo para saber cómo me siento y cómo puedo sentirme tranquilo en estos retos emocionales que trae la vida”, dice Karen. Más que un reto de la Comisión, es un compromiso general y del país recordar el mérito de los psicólogos, no solo por la situación actual de la covid-19 sino por habitar un país que ha sufrido el golpe indiscriminado del conflicto armado.

Así como existen los retos, la Comisión y su equipo plantean alternativas para resolverlos y proponen planes a corto y largo plazo. Uno es que muchos ojos lean su investigación: por víctimas, instituciones, la academia, la sociedad civil y los funcionarios judiciales.La idea es que podamos compartir el conocimiento que adquirimos, la experiencia con las herramientas desarrolladas y cómo esto ha incrementado la acogida y la apropiación de las víctimas respecto al proceso”, cuenta Karen. Habla en nombre del equipo de la CCJ. Espera que la publicación se difunda y sirva como insumo pedagógico y testimonial para brindar un acompañamiento durante el proceso de restitución de tierras.

También hay publicaciones en borradores. La primera es un plan de trabajo enfocado en las mujeres. Si bien la Comisión ha trabajado los temas de género de manera horizontal, no hay un capítulo específico que trate las problemáticas o experiencias de la mujer rural. Otra deuda es la restitución de víctimas afro e indígenas. En ambos casos, ya cuentan con información y ánimo para trabajar. Falta adecuar las herramientas que emplearon durante esta investigación para implementarlas según la comunidad.

Trabajos como este libro de la Comisión Colombiana de Juristas reivindican a las víctimas del despojo y el abandono forzado de tierras. Aún hay deudas por cumplir y testimonios por conocer. La restitución, al igual que los demás procedimientos derivados de la violencia, amerita compromisos colectivos, como priorizar la salud mental y entender el posconflicto a partir de lo psicosocial. Sobre todo, es importante escuchar, orientar y acompañar a las víctimas. La reparación integral, además de recuperar la tierra, les devuelve la capacidad de recordar, no para abrir las heridas sino para cicatrizarlas y completar el duelo del conflicto que es tan difícil de llevar.


Si quiere conocer el libro Acompañamiento psicosocial en el proceso jurídico de restitución de tierras: estrategias metodológicas, puede hacer click aquí.


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