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“El río y el mar también son aulas de clase”

Representantes de Urabá, Chocó, Valle del Cauca y el pacífico nariñense se reunieron en un foro virtual en el que se habló desde espiritualidad en la construcción social hasta etnoeducación y justicia propia afrocolombiana.

En Colombia, cada 21 de mayo evoca la valentía de Benkos Biohó y la resistencia de los pueblos afro. Por decisión del Congreso de la República y la ley 725 del 2001, esta fecha conmemora el Día Nacional de la Afrocolombianidad, una oportunidad para conmemorar la abolición de la esclavitud y las luchas de los afro. Se cuentan varios logros, pero la lucha por su reconocimiento y sus derechos no se detiene. A pesar de los triunfos, aún hay deudas estructurales para los pueblos afrocolombianos. La protección de sus comunidades, las políticas con enfoque diferencial y étnico, la preservación de su cultura y el reconocimiento de su justicia propia y ancestral, son algunas de ellas.

Para conversar sobre los triunfos y las deudas, se realizó el foro ‘Afrocolombianidad: Avances y retos en la garantía efectiva de derechos y la construcción de Plurtietnicidad de la Nación Colombiana’. En este espacio participaron representantes del Urabá, de Chocó, Valle del Cauca, la región norte del Cauca y del Pacífico Nariñense. El espacio fue una invitación del Comité Departamental de Justicia en Nariño y del Consejo Seccional de la Judicatura de Nariño, y contó con el apoyo de los Programas de Justicia y Derechos Humanos de USAID. 

La conversación se hizo a partir de cinco temáticas que, a su vez, son cinco temas prioritarios para la comunidad.


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La espiritualidad en la construcción cultural

El padre Neil Alfonso Quejada Mena, de las comunidades negras de Urabá, dice que el ser humano debe ser entendido como algo colectivo. Ese es un principio de la espiritualidad afro, un concepto que implica la relación con la comunidad, la ancestralidad y el buen trato a la Pacha Mama.La espiritualidad -dice el padre- nos aleja de la crueldad. Nos hace buscar el sentido de la vida, superar lo efímero y, en este caso, vivir desde lo esencial”.

El ‘alabao’ es un canal de esa espiritualidad. Sus autores son, en palabras del padre, místicas y místicos que cantan desde el Medio Atrato para el mundo entero. Cada canción es entonada desde la memoria y la ternura de las mujeres víctimas de la violencia. Las melodías y sus letras son una manera de conocer las historias del Chocó y de reflejar los testimonios de las víctimas.

La espiritualidad hace que el ser humano se reconstruya y se resignifique. Ahí entra el alabao. Es una forma de conexión con las energías mayores, con el equilibro, con el universo que se revela en la historia. Es un canto que basa su fuerza en la convicción, un mecanismo de resiliencia para superar el dolor. No para ser insensible sino para generar autocontrol y equilibrio emocional”, Padre Neil Alfonso Quejada Mena, comunidades negras de Urabá.

 

Justicia Propia Afrocolombiana

La legislación propia es una de las deudas más importantes. La Constitución de 1991 fue un avance para los pueblos indígenas y su Jurisdicción Especial. No obstante, según Silvio Castrillón, magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Pasto, el reconocimiento de la justicia afro se encuentra muy lejano. Sobre todo, en el ámbito penal, porque en cuanto a los conflictos civiles y las labores de conciliación menores, los consejos tienen una experticia innegable.

Este sistema mejoraría y sería más eficiente si se dotara de mejores herramientas. Es una cruzada por la reivindicación de los derechos afro y por un sistema propio que implica modificaciones constitucionales, pero no hay voluntad política”, Silvio Castrillón, magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Pasto.

Por otro lado, Pedro Silva, especialista Justicia Propia Afrocolombiana del Programa Justicia para una Paz Sostenible de USAID, reiteró que la justicia propia también es una manera de reconstruir memoria colectiva, visibilizar el rol de la mujer afro (matronas, parteras, cantadoras, sanadoras), impartir diálogo entre las comunidades y el gobierno, y fortalecer la participación de las autoridades en espacios como los Sistemas Locales de Justicia.

La justicia negra es una realidad invisibilizada en Colombia. Si Colombia se define como una sociedad diversa, étnica y cultural, entonces ¿todas las prácticas afro qué nivel ocupan y qué reconocimiento tienen? Es importante hacer efectivos los derechos étnicos, reivindicar el respeto a la dignidad humana y superar el racismo estructural e institucional”, Pedro Silva, especialista Justicia Propia Afrocolombiana del Programa Justicia para una Paz Sostenible (JSP) de USAID.

La jurisdicción especial afro no existe en todos los ámbitos del derecho, pero cuenta con unas normas preexistentes, unas autoridades que las cumplen y una territorialidad donde se aplica. Debe tener un reconocimiento constitucional para que vaya a la par de la justicia ordinaria”, Aexan Duque Gámez, procurador judicial para Asuntos Agrarios en Chocó.

 


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Estrategias de las mujeres afro para el cuidado de la vida y los territorios

Ángela Yesenia Olaya, investigadora asociada al Afro-Latin American Research Institute at the Hutchins Center (ALARI) de la Universidad de Harvard, afirma que hay dos grandes monstruos que atacan de manera diferencial a las mujeres negras: el conflicto armado y los proyectos de desarrollo económico, como la minería a gran escala y el extractivismo. Sus ataques dejan relatos de reclutamiento de menores, violencia laboral, desaparición forzada, violación y señalamientos por la segregación y la discriminación. 

Cuando llegan los grupos armados se rompe de manera catastrófica con toda la red de significancias que han construido las mujeres como parte de su identidad. La violencia no afecta de manera física sino que también hay una afectación simbólica a las materialidades espirituales y culturales”, Ángela Yesenia Olaya, investigadora asociada, ALARI, Universidad de Harvard.

Otra dificultad estructural es el machismo que, entre otras cosas, impide la participación de las mujeres en espacios locales o nacionales de representatividad, interlocución e intermediación. Con la ausencia de la política de género, ni siquiera pueden pensar en soluciones para ese tipo de problemáticas. “Nos encierran a todas como cangrejos en canastos y creen que así la política cumple con el enfoque diferencial. Así no es, no vemos los resultados”, dice Hilda Hurtado, integrante de RECOMPAS.

Las mujeres hemos construidos desde el silencio. Hemos aportado a la paz, a la construcción de la comunidad y a su organización. Pero también hemos sido botín de guerra. A pesar de eso, muchas hemos resistido y le apostamos a la justicia propia, a ver a nuestras comunidades en otras condiciones”, Hilda Hurtado, Red de Consejos Comunitarios del Pacífico Sur, RECOMPAS.

A este problema de integralidad, se suma que el desconocimiento de la política. Las estrategias de socialización ni siquiera salen de las ciudades. Por eso las necesidades y problemáticas de las zonas aisladas no son atendidas con enfoque diferencial ni mucho menos con enfoque étnico racial. Yoselin Morales, investigadora de la Universidad del Valle, comenta que es necesario conocer las experiencias de las mujeres y adelantar campañas mediáticas en contra de los imaginarios basados en la discriminación y los estereotipos.

Es indispensable concertar mecanismos complementarios entre la justicia propia y la ordinaria para que las mujeres negras encuentren respuestas a sus demandas. Debemos generar acciones que cuenten las historias de las mujeres no solo desde el conflicto y desde el machismo sino desde sus resistencias y sus luchas por la tierra y la vida”, Yoselin Morales Murillo, investigadora Universidad del Valle.


Etnoeducación y Gobernabilidad en las comunidades negras

Marino Antonio Quiñones, integrante de  ASOCOETNAR, menciona que el río y el mar también son aulas de clase. No se trata de formar en cuatro paredes o limitarse a las aulas, la educación tiene una obligación con estos pueblos: involucrarse y empaparse del contexto de las comunidades. Pero, según Quiñones, el Gobierno no muestra interés por ejercer una política pública que incide en las comunidades y mejore el diagnóstico académico local. Además, alegan que no hay recursos ni presupuesto para la educación.

Nuestra educación no solo depende del maestro sino de toda la comunidad. Hablamos de espiritualidad, valores, historia, etnodesarrollo… Es importante que la educación tenga en cuenta a la cultura, pero para esto necesitamos inversión”, Marino Antonio Quiñones, ASOCOETNAR (Asociación de Consejos Comunitarios y Organizaciones Étnico-Territoriales de Nariño).

Para Ramiro Rodríguez Padilla, Foro Interétnico Social del Chocó (FISCH), es importante que la justicia se contemple desde un enfoque incluyente y consecuente con los derechos humanos. Esto quiere decir que es prioridad la articulación entre la justicia ordinaria y la justicia propia en sus dos dimensiones: una individual, en cuanto a cada ciudadano afro, y una colectiva, por los consejos comunitarios y la administración del territorio.

“Si la justicia es un derecho fundamental, ese derecho está siendo pisoteado porque no tenemos acceso a ella. La justicia también tiene elementos culturales, sociales y comunitarios. Todos deben converger para el buen vivir en el territorio”, Ramiro Rodríguez Padilla, Foro Interétnico Social del Chocó, FISCH.

El último punto de este panel fue el Acuerdo de Paz. Leyner Palacios, líder de Bojayá, recordó que el capítulo étnico fue todo un desafío. Habían dejado a un lado a las poblaciones indígenas y afro, algo inaceptable para líderes y representantes comunales. Para ellos era indispensable concebir la paz como un derecho y como una obligación. Esto  implicaba reconocer la diversidad de la paz e incluir los aportes de las comunidades.

Las comunidades negras se convierten en un ejemplo por aplicar lo que ellas mismas producen y porque contribuyen al derecho ordinario en Colombia”, Leyner Palacios, ganador del Premio Global por el Pluralismo 2017 y líder social de Bojayá.

 

Desafíos políticos de los procesos sociales y organizativos de las comunidades negras y afrocolombianas

Además de reiterar lo planteado en el debate, el docente Jaime Perea, de la Universidad del Valle, planteó otro objetivo: crear espacios de participación para las comunidades afro a partir de sus experiencias propias, y reconocer sus luchas como insumos para construir una sociedad pluriétnica. Su justicia es evidencia de que existen otras fuentes de poder y formas de construir el país. “Esa diversidad es lo que nos hace más grandes como nación -comenta-. Por eso es necesario su reconocimiento”.

La inclusión es muy bonita en el discurso, pero en la práctica se convierte en algo criminal: en expulsión. Es necesario articular agendas de los diferentes movimientos y procesos sociales para la defensa del territorio”, Jaime Perea, docente Universidad del Valle.

 


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