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El telar que defiende la vida y denuncia la violencia


Las historias indígenas no pueden ser contadas en blanco y negro. Los telares son relatos de colores atractivos y complejos entramados que hablan de la Madre Tierra, la sabiduría ancestral y la espiritualidad. Sin embargo, hasta este año, unas fibras pasaron del tejido al papel. Hilos de color sangre y tonos que gritan «¡Resistencia!» se cruzaron en una narración que, por primera vez y a manera de libro, habla de la Colombia indígena. Tiempos de Vida y Muerte: Memorias y Luchas de los Pueblos Indígenas en Colombia es el primer telar impreso que relata la historia, la entereza y el sufrimiento de esta comunidad.

Este producto de memoria histórica es un trabajo conjunto entre la Organización Nacional de Indígenas (ONIC) y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). El lanzamiento se realizó en el Teatro Colón, un escenario emblemático ubicado en territorio muisca.

Desde su portada, el informe es un repositorio, un estuche que preserva la esencia del pueblo indígena. En la tapa del libro se ve una grabadora, una mochila de color blanco con rayas negras, en la que los indígenas guardan sus pertenencias y materiales. Así como periodistas e investigadores usan un aparato para registrar sus memorias, los indígenas emplean la mochila y el libro para guardar sus narraciones, sus voces y sus elementos. «La mochila es nuestro verdadero informe de memoria y desde que la recibimos hasta que la entreguemos tenemos la tarea de seguir alimentándola y hacer crecer su tejido», menciona el informe.

Las principales causas del destierro indígena son la violencia, la minería y la connotación occidental del desarrollo.

(Foto: © Ángela María Agudelo Urrego)

Indios que con valentía y fuerza en sus corazones, por justicia y pervivencia hoy empuñan los bastones”, cantó el himno de la Guardia Indígena. Entre aplausos y gritos de apoyo, la Guardia ingresó al escenario y alzó sus bastones. La melodía alegre de las flautas y las guitarras acompañó a los representantes del pueblo nasa que hoy trabajan en Bacatá.

El evento, al igual que el informe, siguió dos grandes evidencias: denunciar la violencia y hablar por la reivindicación. Mencionaron a la Mala Muerte, la que impide “las buenas maneras de morir”, causada por el conflicto armado, el destierro y el colonialismo. 

Le decimos a la guerrilla, a los paramilitares, al Ejército, al Estado, a la Policía, a los grupos criminales que hacer un sistema de gobierno participativo no es matando a la gente. Antes que hable el fusil, primero habla la palabra”, dijo Eulalia Yagarí, indígena del resguardo de Cristianía y diputada de la Asamblea de Antioquia.

Por otro lado, entre los telares se escuchan los gritos de “resistencia” que evocan las alternativas del pueblo indígena. La Minga, la espiritualidad, el trabajo con instituciones internacionales y la protección de la tierra han sido algunas de ellas.

Aparte de lo pedagógico e histórico, el Informe también es un instrumento para fortalecer a la población. Los asistencias se sumaron a la comunidad y a los sobrevivientes indígenas que, además de hacer presencia, hablaron para manifestar que a pesar de la violencia y el miedo, su cultura y sus tradiciones perviven. La lucha continúa.

De 102 pueblos indígenas del país, 39 se encuentran en riesgo de exterminio físico y cultural. Más de 87 líderes indígenas fueron asesinados en los dos años de la firma del Acuerdo de Paz.

Pa adelante, compañeros, dispuestos a resistir. Defender nuestros derechos así nos toque morir”: himno Guardia Indígena

Los 102 pueblos indígenas de Colombia han sido atacados por una violencia de larga duración. Han sido golpeados por la violencia y el exterminio por 527 años. En la “Conquista” (así en comillas, porque estos pueblos no consideran que ocurrió tal suceso) inició el atropello contra los nativos y desde 1492 y se desarrolló una visión racista y colonialista que perdura hasta nuestros días.

Actualmente la situación no parece mejorar. Según un informe de la ONIC, al menos 39 pueblos indígenas están en riesgo de extinción y exterminio físico y cultural. Además, 87 líderes indígenas han sido asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz y hay 35 pueblos indígenas con menos de 200 habitantes. Hasta la fecha, Cauca registra 73 asesinatos y Nariño, 45. Más de 3.000 indígenas han sido asesinados en los últimos 40 años. No están en las bases de datos pero están en nuestra memoria”, dijo Yagarí.

Hasta el 8 de diciembre de 2017 se reporta un total de 247.607 registros de daños contra los pueblos indígenas. Según un informe de la ONIC, 134 indígenas han sido asesinados durante el gobierno Duque.

Tiempos de Vida y Muerte trata de la «Conquista», los inicios de los pueblos indígenas y el conflicto armado. También habla de «vivir y resistir como semillas» y de esas claves para acabar con los genocidios.

(Foto: © Ángela María Agudelo Urrego)

Bajo este crudo panorama, el marco legal ofrece pocas garantías. En 2009, la Corte Constitucional expidió el auto n° 400, que declara la “protección de los derechos fundamentales de las personas y los pueblos indígenas desplazados por el conflicto armado. Dos años después, el Decreto Ley de 4633 indicó que el CNMH debe realizar reparación simbólica para los pueblos indígenas del país.


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Sumado a este marco legal, la idea de realizar el informe surgió de un Snariv (Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas). En 2017, la propuesta pasó a la realidad y se firmó el convenio entre la ONIC y el CNMH. La concertación fue indispensable para finalizar el informe. El cambio directivo del Centro Nacional truncó temporalmente el proceso pero Darío Acevedo, actual director, no detuvo el proyecto para no ir en contra del Decreto Ley.

El primer paso, y el más importante bajo la cosmogonía, fue la orientación de las autoridades indígenas. Por eso, visitaron la Sierra Nevada de Santa Marta, donde habitan los «guardianes del equilibrio del mundo»: los kankaumos. Narciso Villazón, mamo mayor del pueblo, fue el guía espiritual y el precursor de un diálogo de saberes. En una ceremonia acompañada de fuego y luz les entregó la grabadora, la mochila de la portada y en la que «se teje la vida, se inscribe su orden y su movimiento». Esa misma mochila es la que decora la portada del Informe.

(…) Allí se encuentra nuestra fuerza de lucha, que tiene como propósito regresar con todo su poder a los lugares de origen, como pagamento a todo lo que existe para agradecer por la vida y la muerte: para detener el genocidio(Tiempos de Vida y Muerte. Memorias y Luchas de los Pueblos Indígenas en Colombia)

En total, el proceso de creación duró tres años. Quince investigadores de la ONIC y el CNMH trabajaron e hicieron pesquisas con enfoque étnico, visitaron las poblaciones y conversaron con algunos indígenas. Era importante que sus voces se colaran entre las páginas y fueran ellos quienes contaran su historia. Sin embargo, por lineamientos editoriales del CNMH, la narración está en tercera y no en primera persona.

Aprendieron a tejer juntos. Las jornadas se resumían en encuentros, actividades y debates colectivos. En el día conversaban sobre la resistencia, la memoria y el origen; en la noche, sobre lo cultural. Compartieron el ayo, el poporo y el chirrinchi.

Al final del evento se entregó una totuma con chicha, propia de las celebraciones indígenas. Sin embargo, el pensamiento occidental casi trunca este acto por concebirla como una bebida alcohólica.

(Foto: © Ángela María Agudelo Urrego)

Tradición y alegría

Pensar en la comunidad indígena es sinónimo de pluralidad. No consideran el individualismo. Hablan del pueblo, de los derechos y el territorio. Consecuente a su pensamiento, desde la planeación hasta el lanzamiento del informe se dio cuenta de lo colectivo y del otro como miembro de una gran comunidad.

En el evento, líderes y voceros indígenas entregaron el Informe Nacional a representantes de la Guardia, mujeres, jóvenes, madres y medios de comunicación como un recordatorio simbólico de que hay un compromiso transversal entre el pueblo indígena y el país. Con orgullo y felicidad, líderes e invitados alzaron el libro y el Bastón de la Paz, un símbolo de poder y respeto del que sobresalían cintas de color verde, rojo, amarillo y blanco.

El final fue todo un homenaje a la tradición. La tarima del Teatro Colón se vistió de bailes, cantos y muestras artísticas que exaltaron los ritmos, los movimientos y las lenguas nativas. Evocaban la alegría, los acordes festivos y el júbilo que quiere representar el pueblo indígena.

Hubo un momento para deleitar las papilas gustativas y probar dos de las bebidas ceremoniales de la comunidad. En un guiño gastronómico, totumas con chicha y caguana, hecha con el almidón de la yuca, bailaban entre los asistentes. Quienes ya tenían su Informe, intercalaban entre sorbos de alguna de las bebidas ceremoniales y comentarios sobre el evento. La vasija, de origen vegetal, fue otro de los regalos del evento.

«En buena medida, lo que ha contribuido a la permanencia de los Pueblos Indígenas del continente después de más de cinco siglos de pretensiones de conquista ha sido su propia e inherente concepción de la fuerza del mundo…» (Tiempos de Vida y Muerte. Memorias y Luchas de los Pueblos Indígenas en Colombia).

(Foto: © Ángela María Agudelo Urrego)

Desde su planeación hasta el lanzamiento, Tiempos de Vida y Muerte se tejió con los hilos de la denuncia y la resistencia. Este primer informe, además de visibilizar la situación histórica y actual de la población indígena, incorpora el deseo latente de reconocer y proteger a la comunidad indígena. Al fin y al cabo, todos los habitantes de este territorio pluriétnico y multicultural son tan solo uno de los colores del wiphala colombiano.


Si quieres conocer más sobre el Informe, puedes ingresar a la página de Tiempos de Vida y Muerte: Memorias y Luchas de los Pueblos Indígenas en Colombia


Después del lanzamiento, la ONIC ha hecho la entrega oficial del Tiempos de Vida y Muerte a instituciones como la Comisión de la Verdad y en varias ciudades del país.

El Informe cuenta con seis tejidos y dos entramados: (I) «La «Conquista» no ha acabado», «La Red Vital» y «La Mala Muerte». (II) «Territorio, Unidad, Cultura y Autonomía. Tiempos de vida, injusticias sentidas»; «Guerra abierta, genocidio encubierto», e «Interrumpir, Alterar y Administrar la Red Vital».

(Foto: © Ángela María Agudelo Urrego)

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