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La alianza para auxiliar a las comunidades étnicas

© Cortesía Museo Memoria de Colombia-Centro Nacional de Memoria Histórica

Difícil hablar de paz sin hablar de las minorías étnicas”, dijo el entonces director de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), Peter Natiello, a El Espectador. La entrevista fue publicada el febrero de 2016, meses antes de la firma del Acuerdo de Paz. Sus declaraciones se sumaban al anhelo de miles de afrocolombianos e indígenas que querían participar, pues veían una oportunidad de cambio y una esperanza. La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y la Asociación de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes) fueron la voz de las comunidades y expusieron sus propuestas, preocupaciones y la necesidad de quedar incluidos dentro del compromiso de paz que nacía ese día. Su esfuerzo quedó reflejado en el capítulo étnico, en el que los firmantes reconocen la incidencia de los pueblos indígenas y afro en la construcción de la paz. Con él, surgió otra propuesta: la Alianza Interétnica para la paz.

La ONIC y Afrodes crearon la Alianza Interétnica para fortalecer la autonomía, el autogobierno y la construcción de paz de las comunidades indígenas y afro del país. La propuesta está enfocada en dos líneas clave: aumentar la capacidad organizativa de las comunidades en territorio y fomentar la economía propia para la soberanía alimentaria y la autonomía económica. De igual manera, se suma a las intenciones del actual director de USAID, Larry Sacks, de acompañar a los pueblos y garantizar el cumplimiento del Capítulo Étnico. “Orientamos nuestros esfuerzos para seguir defendiendo los derechos humanos de ambos pueblos”, dice Angélica Lesmes, asesora de la consejería de planeación, administración y finanzas de la ONIC.

Ante las necesidades, el alto número de víctimas y la ausencia estatal, Afrodes y la ONIC decidieron hacer equipo con USAID y mejorar las condiciones de vida de las comunidades. Por ello, la Alianza se concentra en Riohacha y Barrancas (La Guajira), Riosucio y Juradó (Chocó), y Valledupar (Cesar). En la costa Caribe trabajarán con los indígenas kankuamos y wayuu, y en el Pacífico, con los embera y wounaan. Los cinco municipios fueron priorizados por la tasa de pobreza municipal y el alto número de víctimas del conflicto. “Es muy triste lo que está pasando con nosotros —dice Marino—. El Acuerdo de Paz debía devolvernos la esperanza para vivir en el territorio, de retornar, de dejar atrás ese dolor”.

Autogobierno y autonomía

La primera línea de la Alianza Interétnica plantea aumentar la capacidad y liderazgo de las organizaciones de las comunidades étnicas, por lo que Marino y Angélica cuentan que será fundamental el trabajo en territorio. Dentro de los objetivos la pedagogía es el instrumento principal. La Alianza quiere capacitar entre 425 y 500 indígenas y afrocolombianos en temas de gestión pública y liderazgo; entre 70 y 100 indígenas en los decretos para certificación de cabildos, y unos 450 líderes para la incidencia en mujeres y jóvenes.

En cuanto al gobierno y a las justicias propias, Angélica cuenta que la Alianza Interétnica, más que visibilizarlas, ayudará a reforzar los reglamentos internos, el manejo de conflictos y la Jurisdicción Especial Indígena, para garantizar la participación y toma de decisiones de las comunidades.Queremos mostrar que somos líderes para construir la paz y que nuestra voluntad es tener territorios pacíficos, mas no estar inmersos en un conflicto sin fin”, dice.

Por su parte, Marino considera que la Alianza fomentará el trabajo de las autoridades tradicionales y la influencia de la Guardias Indígena y Cimarrona, en especial de la última cuyo ejercicio judicial aún no está amparado por alguna legislación específica.

Economías propias para la soberanía alimentaria

Según cifras compartidas por Angélica, el 63% de los pueblos indígenas y el 60% de los afro se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Además, de cada 100 hogares afro, hay 69 que padecen algún problema de seguridad alimentaria. En el caso de los indígenas la cifra llega a los 77 hogares.

Con la pandemia por el coronavirus, la situación de los pueblos étnicos empeoró. En el caso de los indígenas y de acuerdo con el Sistema de Monitoreo Territorial (SMT) de la ONIC, han fallecido 1.385 indígenas por coronavirus y 537.252 familias indígenas están en alerta por probabilidad de contagio. Además el aislamiento voluntario para proteger a las comunidades y salvaguardar los territorios ancestrales ha dificultado el acceso a los insumos y materiales de primera necesidad.

(Foto: © Carlos Jaramillo )

Ante el resentimiento económico y el impacto por la pandemia, Angélica cuenta que esta línea plantea el uso de semillas nativas, el comercio justo, la búsqueda de las alianzas para la sostenibilidad y el desarrollo de otros oficios como la pesca y la artesanía. Además, quieren dejar capacidad instalada para preparar a la comunidad e implementar proyectos relacionados con los Planes de Desarrollo Territorial en los dos municipios PDET de la lista: Valledupar (Cesar) y Riosucio (Chocó).

Las economías propias también contemplan el enfoque de género, en el que ayudarán las Comadres de Afrodes. Para Marino es importante resaltar que el mayor porcentaje de víctimas indirectas del conflicto son las mujeres, por el asesinato de sus familias, el desplazamiento forzado o las inequidades derivadas de la violencia. Los jóvenes son otra población priorizada. Con ellos tratarán temas como el reclutamiento forzado, el desplazamiento y el relevo generacional.

Alianza internacional

Marino y Angélica coinciden: la Alianza Interétnica no fue algo espontáneo o sin planear. Es el resultado de la insistencia y el trabajo de la ONIC, Afrodes y las comunidades étnicas del país. En su caso, Marino recuerda el respaldo de USAID desde hace varios años, con la construcción del Consejo Nacional para la Paz Afrocolombiano y el acompañamiento en las propuestas organizativas, locales y productivas que han sugerido las comunidades afro. “Seguiremos trabajando para cambiar esa historia de tristeza, desplazamiento y violencia en nuestros territorios”, asegura.

Angélica prefiere hablar en futuro. El lanzamiento oficial de la Alianza fue el pasado martes, un día antes de la posesión del presidente de Estados Unidos Joe Biden, quien respaldó los diálogos en La Habana y la implementación del Acuerdo de Paz. Por ende, Angélica mantiene la esperanza y cree que el apoyo de USAID y del gobierno norteamericano pueden contribuir a la paz en las comunidades étnicas.

Además de trabajar con los resguardos indígenas, los consejos comunitarios y las organizaciones locales, la ONIC y Afrodes quieren sumar su lista de aliados. Por ejemplo, esperan unir esfuerzos con alcaldías, gobernaciones y otros socios de índole institucional como la Agencia de Renovación del Territorio, Prosperidad Social, el Departamento Nacional de Planeación y los Ministerios de Ambiente y Agricultura. Por su parte, USAID seguirá brindando apoyo administrativo y contable, un complemento para las labores de liderazgo que las comunidades ya poseen.

El capítulo étnico fue la oportunidad para reiterar el deseo de paz de las comunidades étnicas que, históricamente, han sido golpeadas por el conflicto armado, la estigmatización y la indiferencia estatal. De acuerdo con el Registro Único de Víctimas, de nueve millones de víctimas reconocidas, el 12,4% son afrocolombianos y el 2,6%, indígenas. Angélica recuerda el sentir de los pueblos étnicos que, en varias ocasiones, han mencionado una frase que se ha convertido en la bandera de su lucha: “Nuestro compromiso es que pueden contar con nosotros, con los pueblos indígenas y afro, para la paz pero no para la guerra”.

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