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La canción contra la guerra que se convirtió en libro

© Cortesía Marta Gómez. Realización propia

“Para la guerra, nada”. La frase llegaba con frecuencia. Apenas era una oración de cuatro palabras, sin ritmo ni melodía, que Marta guardó en su mente como la primera piedra de una obra en construcción. El complemento llegó en una función del Cirque du Soleil a la que asistió con su esposo. En la primera escena de la obra, un actor corría por el escenario sosteniendo una cometa. Mientras Marta la veía volar, se preguntó cuántas horas, cuántos ensayos, cuántas mentes trabajaron hasta crear aquel objeto liviano que parece un saludo del viento. En medio de sus cavilaciones, tuvo la idea de componer una canción que hablara de los inventos de la humanidad y, al mismo tiempo, enviara un mensaje de rechazo a la guerra. En medio de la función, escribió en su celular: “Para el viento una cometa. Para la guerra, nada”.

Días más tarde, durante el ritual diario de dormir a su bebé en el cochecito, llegó la melodía: las primeras chispas de música. Esa noche, acompañando su voz con la guitarra, le cantó la canción a Julio, su esposo. Él fue el primero en escuchar la canción. Hoy, millones de personas conocen la melodía y tararean la letra que se convirtió en un himno contra la guerra. La han cantado artistas de la talla de Víctor Heredia, Pedro Aznar y Piero, coros de colegios, grupos de música andina, duetos y ensambles universitarios. Nicolás Maduro la usó en un concierto y Juan Manuel Santos en una convención de ganadores del Nobel de paz. 

En el libro, la letra de la canción convive con una familia de armadillos, osos de anteojos y colibríes.

Foto: © Libro Para la guerra nada

Las estrofas de la canción fueron una creación colectiva. Marta invitó a sus amigos a nombrar los inventos más bellos de la humanidad. “No me refería a inventos como el telescopio, que tienen una explicación científica, sino a otros, quizás más accidentales, más de todo el mundo”. Unos escogieron el barco de papel, muchos la pelota, otros tantos la soga de saltar. 

La idea de componer una canción contra la guerra no fue inspirada en Colombia sino en el conflicto entre Israel y Palestina. Marta solía viajar con frecuencia a Israel para hacer presentaciones, pero nunca se preguntó por las razones que motivaban la guerra en el país. “Israel tiene muchas similitudes con Colombia —dice—. Pasan cosas a las que nos hemos acostumbrado, como que nos revisen el bolso al entrar a Unicentro, que te abran baúl, o los perros antiexplosivos. Incluso hay cosas más fuertes, como la obligación de tener un búnker en la casa o enseñar a los niños canciones para que sepan dónde refugiarse cuando una bomba explota”.

En su página, empezó a recibir cada vez más comentarios en los que le reprochaban por cantar en Israel. Ella, que había escogido la ignorancia frente al tema, empezó a investigar para entender el conflicto. Vio documentales y charlas, leyó noticias y ensayos. Cuando les preguntaba a sus amigos israelíes por la guerra, la respuesta siempre era la misma: “Tú no entenderías, hay que vivirlo para comprenderlo”. Según Marta, se sentía como una niña a quien los grandes le ocultan algo. Con el tiempo, cuenta, comprendió que no había respuesta a su pregunta, «porque la guerra no tiene explicación».

Su canción Para la guerra, nada envía un mensaje fácil de comprender, con el que se muchos se identifican, sin importar sus posturas políticas. “Hay composiciones mías que me gustan más, canciones más elaboradas, con mejores letras. Pero en esa sencillez, en esa inocencia, se concentra el poder de esta canción. Lo que transmite es clarísimo”. Esa pureza también la han advertido profesores de colegios en Colombia, Argentina y España que usan la canción para abordar los temas de la no violencia y la guerra y la paz. 

El mensaje universal de la canción atrajo a la Fundación Magnolia y la Editorial Monigote, que le propusieron a la cantante caleña “expandir aún más su mensaje” por medio de un libro. Fue un gran reto concebirlo, pues era fácil caer un mensaje redundante cuyo aporte se limitara a un objeto bonito y nada más. Lejos de eso, el libro da un mensaje que trasciende la canción. La artista Daniela Violi interpretó cada una de sus estrofas y a partir de ellas creó una historia ilustrada cuyo protagonista es el espíritu de la paz, representado en una semilla que viaja de mano en mano para llegar a distintos seres y lugares. “Creo que el libro logra dar un mensaje complementario que invita a pensar, que complejiza la lectura de la letra de la canción. Que da otra lectura”, dice Marta.

En el libro, la letra de la canción convive con una familia de armadillos, osos de anteojos y colibríes. Se trata de una obra que entrega un mensaje de paz y esperanza, un libro para leer y pa´cantar que lleva aún más lejos el mensaje que le dio inicio a todo: “Para la guerra, nada”.

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