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Puerto Guzmán, Putumayo

La líder que empodera a las mujeres del Putumayo

© Jonnathan Sarmiento

Desde lo alto de una peña próxima a su casa, Leidis Maigual Renza puede ver los ríos Cauca y Caquetá encontrarse en medio de la tupida selva del Putumayo. Sabe que al alzar su mirada, el paisaje pintará para sus ojos pardos el mismo cuadro en la lejanía: la eterna confluencia de dos ríos que recorren distintos caminos. Leidis no se cansa de ver ese espectáculo que ocurre en el lugar que más ama, Puerto Guzmán, en el piedemonte amazónico, una región de bosques nativos y corrientes de agua que no ha logrado sacudirse de la violencia.

Leidis es la primera de siete hijas de Letizia Renza, ama de casa, y José Javier Maigual, quien por muchos años fue sacristán de la iglesia y el sepulturero del cementerio de Puerto Guzmán. Siendo muy niña, empezó a trabajar con dos de sus hermanas en labores que suelen hacer los hombres, como acarrear material de construcción y recoger aguamasa para alimentar a los cerdos que criaba su familia. Como muchos de sus paisanos, muy pronto comenzó a llorar sus muertos, a madurar a fuerza del entorno y a vivir en medio de la zozobra impuesta por los grupos armados. 

En 1998, Leidis sufrió su primer desplazamiento, cuando abandonó Puerto Guzmán con su pareja para refugiarse primero en Villagarzón y después en Pitalito, donde tampoco encontró sosiego. En ese entonces buscaban a su esposo, a quien finalmente atraparon. Leidis tuvo que ver cómo los miembros del Frente 32 de las FARC-EP lo amarraban para subirlo en un camioneta Luv 2300 que pronto perdió de vista en la polvareda del camino. “Con mi mamá lo buscamos sin descanso en Las Perlas, en Puerto Rosario y otras veredas, pero nunca supimos qué pasó con él”, dice con la mirada perdida entre las copas de los árboles que se asoman desde la carrera novena, en Mocoa.

Foto: © Cortesía Leidis Maigual

Leidis vivió los años más violentos en la historia del Putumayo, los primeros de la década del 2000, cuando los paramilitares tumbaban las puertas de las casas y sacaban a las personas para luego picarlas y arrojarlas desde los puentes al río. El 2003, en especial, fue aterrador. El número de desplazados sobrepasó los 31.000 y la tasa de homicidios fue de 152 por cada 100 mil habitantes. Por ese entonces, Leidis impidió que los ‘paras’ se llevaran a su segundo esposo. “Me colgué de su cuello, aferrándome con todas mis fuerzas, y  también me les enfrenté. Me golpearon con una culeta en la cabeza, pero yo seguía de pie, entre ellos y mi esposo, pues no iba a dejar que se lo llevaran. Y así fue. Ese día lo pude salvar”, cuenta con la convicción de quien no olvida el horror, pero tampoco le huye.

El sufrimiento, lejos de aplacarla, le ha dado fortaleza para seguir adelante. Hoy Leidis es una líder que empodera a las mujeres víctimas de la violencia para que, a través de proyectos productivos, salgan adelante, logren su autonomía y repliquen el trabajo social. En 2007 fundó la asociación Asdenvida, la primera dedicada a la defensa de las mujeres en su municipio. Hoy está conformada por 50 familias del barrio Jairo de Jesús Casanova. Años más tarde creó Asoemprender, integrada por 21 mujeres cabeza de hogar. 

Además de sus propias asociaciones, Leidis forma parte de Mujeres Tejedoras de Vida, una asociación creada en 2005, durante un paro armado que se extendió por un mes y dejó desabastecido a buena parte del Putumayo. Aquel paro, cuenta la historia de las Tejedoras, “paralizó todas las actividades económicas, aún más las informales (ventas de empanadas, arepas, lavado de ropa, etc.) y dejó especialmente a la población infantil, mujeres cabezas de familia y desplazados en una situación de total vulnerabilidad”.

Los proyectos productivos que impulsa la asociación de Tejedoras abarcan agricultura, piscicultura, artesanías, confecciones, entre muchos otros. Todos reciben la misma atención y el impulso de las mujeres que conforman esta red de trabajo que las ha empoderado.

Foto: © Cortesía Leidis Maigual

Lo que comenzó con un proyecto para ayudar a las mujeres más vulnerables durante el paro, se convirtió en una iniciativa sólida que impulsa los más diversos proyectos productivos en el departamento para transformar las dinámicas que ha impuesto la violencia en la región e impulsar la paz, la justicia social y la equidad de género. Hoy, Tejedoras de vida congrega a 65 organizaciones y 1.200 mujeres del departamento. Una de ellas es Leidis. 

Los proyectos productivos que impulsa la asociación de Tejedoras abarcan agricultura, piscicultura, artesanías, confecciones, entre muchos otros. Todos reciben la misma atención y el impulso de las mujeres que conforman esta red de trabajo que las ha empoderado. Como quien saca los pies del fango para dejar atrás el pasado, las mujeres tejedoras han logrado salir adelante. 

El camino a una equidad de género en Colombia es largo, más en regiones como Putumayo donde, por costumbres sociales, impera el machismo. Las cifras de feminicidios en el país durante la pandemia dan cuenta de un peligroso retroceso. De acuerdo con datos del Observatorio de Feminicidios Colombia, durante la cuarentena 113 mujeres fueron asesinadas: 18 en marzo, 27 en abril, 31 en mayo y 37 en junio. 

Los datos no son alentadores, pero Leidis, como tantas mujeres con corazón de acero, sigue luchando. Continuará trabajando por las mujeres de Puerto Guzmán, viajando en su moto con un morral adelante y otro atrás, pensando en que le queda mucha vida para seguir luchando por sus organizaciones, por tener su vivienda propia, por sus cinco hijos, por ese pueblo golpeado que avista desde la peña, en lo alto, como si siempre fuera una primera vez.


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