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Quibdó, Chocó

La manicurista que lucha por los LGBT en Chocó

© Daniela Franco García

En Chocó suelen bautizar a los niños con los nombres de sus padres, abuelos o bisabuelos, como si esperaran que su descendencia sea una extensión de sus creencias, su vida y formas de pensar. En diciembre de 1986, Victoriana Palacios llamó a su quinto hijo Víctor Abel, una combinación de su nombre y el de su abuelo Francisco Abel. Años más tarde, intranquila, Victoriana le rezaba a la santísima Virgen y al Santo Eccehomo para que Víctor encauzara su camino y actuara como un “niño normal”.

A los 15 años, en medio de una discusión, Víctor Abel despejó las dudas de Victoriana y, de paso, se sacudió de una identidad que no sentía propia: “Mamá –le dijo–: la persona que le presentaron el 5 de diciembre de 1986 como un niño de sexo masculino es en realidad una mujer. Mi sentir y mi vivir son totalmente femeninos”. 

Hoy, a los 33 años, Víctor Abel tiene otro nombre, otra identidad y otro sexo: se llama María Victoria y es una experta estilista que comenzó pintando uñas y se ha convertido en una abanderada de la lucha por los derechos de la población LGBT en Quibdó y otros municipios de su departamento

Chocó es una de las zonas más golpeadas por la violencia, la pobreza y el abandono estatal. De acuerdo con cifras del Dane, en la región hay municipios donde la incidencia de pobreza multidimensional supera el 90 por ciento, el acceso al agua el 95 por ciento y el aseguramiento a servicios de salud es mayor al 40 por ciento.

Foto: © Archivo Semana

 

En medio de esa realidad, el acceso a la justicia también es un problema sin resolver. Datos del Índice de Acceso Efectivo a la Justicia del DNP indican que las necesidades jurídicas insatisfechas en Chocó rondan el 64 por ciento. La misma encuesta explica que hasta 2016 no había policías judiciales en todo el departamento.

A pesar de la dura realidad, María Victoria se las arregla para sonreír todos los días. Hace tres años comenzó un tratamiento hormonal y se sometió a una cirugía de cambio de sexo en Cali. “En cuanto regresé –dice–, pagué la escritura, fui a la Notaría, solicité el duplicado de mi nueva cédula y, cuando me la entregaron, Víctor desapareció”.

Según Beldys Hernández, abogada de Colombia Diversa, caminar por la calle con María Victoria es como hacerlo con una celebridad. A donde vaya, siempre la acompaña el mismo saludo: “¡Hola, flaca!”. Beldys afirma que, si bien en Quibdó los líderes LGBT han logrado una aceptación social, no conocemos de alguna de ellas que haya sido contratada oficialmente por las entidades públicas y que, de esa manera, su presencia no esté sujeta a los mismos escenarios asociados a la población LGBT, como el negocio de la belleza o las campañas para difusión de temas de salud reproductiva y VIH”.

Como directora de la Fundación Latidos Chocó, María Victoria trabaja las problemáticas relacionadas con salud sexual, pero también ha abordado el acceso a la justicia de la población LGBT en el departamento. Hace dos años ganó una convocatoria para capacitar a los funcionarios de las casas de justicia, así como empoderar y hacer visibles a las personas LGBT de los seis municipios: Tadó, Istmina, Condoto, Nóvita, Bajo Baudó y Medio San Juan.

En sus visitas, María Victoria ha sido testigo de que los problemas que competen a la población LGBT no son prioridades y, en muchos casos, ni siquiera son contemplados en las comisarías de familia.Hablo con los funcionarios y, al preguntarles por casos relacionados con la población que represento, me dicen que no tienen ninguno, ni siquiera habitantes LGBT. Pero en cuanto empiezo a caminar por mi cuenta, los jóvenes van saliendo a mi encuentro. Es una apatía total la que muestran muchos funcionarios”.

Desde hace 12 años, María Victoria participa en la comparsa en la Fiesta de San Pacho.

Foto: © León Darío Peláez

Su trabajo más allá de Quibdó no es fácil. En esa ciudad se valora más su rol de líder, pero en otros municipios no se le reconoce como vocera ni representante, por el hecho de no haber nacido en ninguno de ellos. A esto se suma el conflicto armado, donde las dinámicas de violencia y exclusión a las personas LGBT son una práctica recurrente. Hoy, conocer las necesidades de la población LGBT en Chocó, siquiera censarla, resulta casi imposible. 

Como ha ocurrido en tantas ciudades, en Chocó los carnavales se convirtieron en el mejor espacio de representación para la población LGBT. En 1990, tres artistas, Manolo Rosero, Erlin Mena y Misael Córdoba se aventuraron a desfilar con su propia comparsa, a la que llamaron Locomía –como un famoso grupo que danzaba con abanicos gigantes–, en medio de la furia de la población, que les arrojó piedras y los insultó.

La respuesta de los tres atrevidos artistas fue seguir bailando. Así, haciendo caso omiso a las ofensas, se abrieron un espacio en la Fiesta de San Pacho, que se celebra el 30 de septiembre en Quibdó y está incluida en Patrimonio la Lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Desde entonces, todos los años la población LGBT desfila en una de las comparsas más queridas, en representación del barrio Yesquita.

Desde hace 12 años, María Victoria participa en la comparsa. En la última edición lució un vestido de colores verde y dorado. Este año, sin embargo, es posible que la fiesta se cancele por la pandemia. Como en el resto del país, la covid-19 ha afectado a Quibdó. Su salón de belleza, llamado La Flaca, está cerrado. Los clientes no le faltan, siguen llamándola porque saben que nadie hace el manicure con tanto escrúpulo como María Victoria Palacios.


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