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Con pinturas y dibujos, las Comadres de AFRODES exponen el impacto del conflicto armado

En el mes de la afrocolombianidad, una muestra artística cuenta las historias de mujeres víctimas de la violencia.

Más que técnicas y modalidades, el arte se vale de la emoción y de la sensibilidad. Por esa razón, se ha convertido en el canal de expresión para que las víctimas cuenten sus relatos y resignifiquen ciertos recuerdos. Bajo ese principio nace la exposición ‘La Comadre: afectaciones, resistencias, resiliencias’, una propuesta del colectivo de mujeres homónimo que quiere luchar contra el olvido y la impunidad.

Las Comadres, integrantes de la Asociación Colombiana de Afrocolombianos Desplazados (AFRODES), crearon esta muestra artística para contar el impacto desproporcionado y diferencial del conflicto en las mujeres afrodescendientes. Al inicio, el objetivo era entregar un informe escrito a la Comisión de la Verdad. Sin embargo, a las Comadres les preocupó el destino y el alcance de su publicación. No querían que quedara en la esquina de una oficina o en una biblioteca cubierta de polvo. “Propusimos lo gráfico para transformar esos imaginarios y generar mayor conciencia y sensibilidad en la sociedad. Es importante que sepan lo que los pueblos y las mujeres hemos enfrentado”, dice Luz Marina Becerra, secretaria general de AFRODES y coordinadora nacional nacional de las Comadres.

El lanzamiento de la exposición, que fue posible gracias a la Fundación Ford, Open Society, OIM y USAID, estaba planeado para el 26 de marzo. La idea era realizar un evento público para abrir las puertas de la exhibición en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación (CMPR) y presentar el informe escrito, pero el montaje se cruzó con la cuarentena nacional por el coronavirus. Para no frenar la iniciativa ni dejar atrás el trabajo hecho, el CMPR alojó la exposición en su página web desde el viernes 8 de mayo.

Fue un día de emociones encontradas —recuerda Luz Marina la primera vez que recorrió la exposición en el portal— Me ataqué a chillar al leer esas historias desgarradoras que dejó el conflicto pero también por la emoción de recordar la lucha y la resistencia de las mujeres”.


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Recorrer el dolor para sanar

Al ritmo de los tambores hembra y macho, y a la luz de las velas, las mujeres iniciaron su proceso de sanación. En el 2019, las Comadres dirigieron un proceso pedagógico y de curación para realizar el informe y la muestra artística. Se basaron en cuatro hechos victimizantes: desplazamiento forzado, violencia sexual, desaparición forzada y reclutamiento de menores. Visitaron diez territorios afectados por el conflicto y con alta presencia de mujeres afro: Arboretes (Antioquia), Cartagena (Bolívar), Guapi (Cauca), Riohacha (La Guajira), Tumaco (Nariño), Cali y Buenaventura (Valle del Cauca), Quibdó y Riosucio (Chocó) y Bogotá y Soacha (Cundinamarca). En cada municipio, realizaron un taller de dos días, que combinó lo testimonial y lo cultural.

Las 30 mujeres que participaban en cada encuentro formaban un círculo alrededor de frutas típicas de la región, algunos palos y varitas de incienso. Eran jornadas para conversar, recordar y llorar sin pena alguna; un proceso de reparación espiritual acompañado de rituales que exaltaban la ancestralidad del pueblo afro: encender velas de diferentes colores al ritmo de los tambores era una forma de rendir honor a los antepasados y a aquellos que la guerra se llevó.

“Para nosotros, el ritual es fundamental en los procesos de sanación y de construcción de memoria y de verdad. Es un acto político que busca reivindicar todo un tema cultural que tiende a desaparecer por el conflicto armado. Ayuda a sanar esas secuelas y heridas, todo el dolor que todavía llevan nuestras comunidades que no han podido exteriorizar. El ritual también es reivindicación de nuestra espiritualidad”. Luz Marina Becerra.

Otra actividad fue una cartografía social. Sobre un mapa de color blanco con los departamentos del país, las mujeres trazaban la ruta que recorrieron para huir de la violencia. Había hilos de diferentes colores que atravesaban, sobre todo, el costado occidental: muchas de ellas huyeron de municipios en el litoral Pacífico, ese rincón de Colombia profundamente golpeado por un conflicto que aún hoy parece no tener fin.

Mientras contaban sus historias, muchas tuvieron que extender el hilo pues habían sufrido el desplazamiento hasta tres y cuatro veces en diferentes territorios. Migrar dentro de un país que empezaba a resultar ajeno y que muchas veces les dio la espalda hizo parte de su cotidianidad. “Con el mapa queríamos conocer la ruta que tomaron las mujeres, identificar los actores armados de sus desplazamientos y establecer unos periodos de tiempo para determinar qué tantas movilizaciones ocurrieron”, cuenta Luz Marina.

La mayoría no había querido evocar anteriormente esos recuerdos que les dejó la guerra. El silencio, la falta de aire y las lágrimas acompañaron decenas de relatos escalofriantes que fueron compartidos. Algunas estuvieron acompañadas de sus hijos, que a veces sonreían y otras veces no entendían qué pasaba. Muchos de ellos habían sido parte de las travesías del desplazamiento, solo que en los hombros de sus madres y alejados del dolor del recuerdo futuro.

Esos momentos fueron esenciales para demostrar la colaboración y la hermandad entre mujeres o, como las llama Luz Marina, las redes solidarias del ‘comadreo’. Construir confianza a través de la conversación permite que las mujeres se sientan cómodas con sus testimonios, sanen algunas heridas y “descarguen ese peso de la violencia que llevan en sus hombros, en su espíritu y su corazón”.

Luego de los rituales, llegó el proceso artístico. Para realizar las pinturas y los lienzos, las Comadres buscaron un artista que conociera el impacto del conflicto armado y la historia de ciertos territorios y de la comunidad afro. Andrés Novoa fue el escogido y en poco tiempo se había convertido en cómplice y aliado de las mujeres durante el proceso.

Foto: © Cortesía Luz Marina Becerra

Novoa visitó seis de los diez territorios planteados, participó en los talleres y tomó notas de cada testimonio que escuchó. En total pintó 18 lienzos, tres por cada territorio. Aparte, el proceso de cocreación incluyó otra tarea. Les preguntó a las mujeres qué significa ser mujer negra, qué significa la paz, cómo veían su boca, su nariz, su rostro. Con esas preguntas, cada mujer dibujó y creó sus propios bocetos, que también hacen parte de la exposición. Sin reglas ni pautas artísticas, cada una fue libre de expresar cómo vivió y cómo recuerda el conflicto armado.

Solo uno de esos lienzos no fue producto de los relatos. El cuerpo desnudo de una mujer que reposa en el suelo está inspirado en un poema escrito por Luz Marina que, además de ser parte fundamental de AFRODES, escribe otras de teatro. La pintura representaba un escrito sobre la violencia sexual y la intención de Luz Marina de resignificar el cuerpo de la mujer en el contexto de la guerra: que no represente tortura, desprecio ni humillación, sino felicidad y autonomía.


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Foto: © Luz Marina Becerra

Galería y mensaje itinerantes

Aparte de recopilar y sistematizar la información de las victimizaciones, esta muestra artística también es una forma de construir paz. El mismo color que en un boceto podía significar dolor, en otro podía ser esperanza. El rojo que representaba la sangre de un dibujo, en otro significaba al amor de las madres hacia sus hijos. Cada mujer tomó pincel, pluma o color para también dibujar su trabajo en la búsqueda de la paz.

En este momento, los bocetos y lienzos reposan en la sala que el Centro de Memoria Paz y Reconciliación dispuso para la exposición. Las Comadres esperan convertirla en una galería itinerante que visite lugares como la Comisión de la Verdad y el Centro Colombo Americano. También esperan llegar a colegios, universidades y embajadas para comunicar su mensaje a los más jóvenes. “La gracia no es dejarlos en la oficina. Queremos seguir con el trabajo de visibilización, ir en contra del individualismo. Cuando la gente escucha los testimonios y ve los retratos, se pregunta qué ha pasado. Eso genera un compromiso”, dice Luz Marina.

Respecto al informe escrito, las Comadres planean presentarlo ante la Comisión de la Verdad el próximo 28 de mayo, en el marco del mes de la afrocolombianidad. La exposición y entrega del documento se realizará a través de un foro virtual.

Más que fichas técnicas, obras y relatos, ‘La Comadre’ quiere dejar un legado: entender que la construcción de la paz es un compromiso colectivo, no solo del Gobierno y los grupos armados ilegales. Es un deber de todos los ciudadanos del país. La exposición artística, además de ser un repositorio de relatos y anhelos, es un canal para informar a los ciudadanos sobre la realidad de los territorios y recordar la importancia de conocer la historia del país para impulsar la reparación integral, el enfoque diferencial y la no repetición.

“Usamos el arte como una estrategia para sensibilizar a la sociedad colombiana y que se comprometan a decir ‘No más’. No más violencia ni conflicto. Basta ya de tanta sangre. Basta de que las mujeres sigan siendo humilladas y de que su cuerpo sea visto como botín de guerra. Basta que los niños no puedan cumplir sus sueños porque la sociedad no les ofrece ni estudio ni empleo. Basta que desde muy temprana edad empuñen un arma y empiecen a delinquir. Basta ya los desplazamientos. Es hora de que la gente pueda construir sus comunidades respecto a su cosmovisión sin preocuparse de que los intereses económicos están por encima de los del pueblo”: Luz Marina Becerra


Puede consultar la exposición ‘La Comadre: afectaciones, resistencias, resiliencias’ en la página del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, haciendo clic aquí.

También puede conocer el folleto de la exposición haciendo clic aquí. Encontrará el catálogo completo de las obras.

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