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Chocó, Colombia

Las defensoras de las mujeres en las selvas del Chocó

© Facebook Red Departamental de Mujeres Chocoanas

Sobre el Chocó se extienden más de 1.000 hilos de colores. Cruzan de sur a norte, como el Atrato; y de oriente a occidente, como los extensos bosques del Pacífico. Cada hilo representa a una mujer que, sin importar distancias u horarios, viaja en lancha o camina por horas con tal de defender a las mujeres e impartir justicia. Este entramado de nudos y fibras es la Red Departamental de Mujeres Chocoanas, una organización social que promueve el liderazgo de la mujer y la transformación individual y colectiva.

El tejido inicia en Quibdó, sede de la Red, y llega a 18 municipios del departamento. Con tesón, esfuerzo y berraquera, las integrantes de la Red trabajan para visibilizar las luchas de las mujeres afro, indígenas y mestizas. Su labor inició hace 27 años y han recibido el apoyo de algunas agujas extra para fortalecer su tejido. Entre sus aliados se cuentan Profamilia, la Defensoría del Pueblo, ACNUR, OXFAM, el Programa de Justicia para una Paz Sostenible de USAID, y la Secretaría de la Mujer de Chocó, un ente hermano que surgió con el esfuerzo de la Red.

Actualmente trabajan en ocho proyectos. Si bien todos están enfocados en la mujer, hay dos que se complementan: Justicia de Género y Representación judicial y apoyo jurídico a víctimas de Violencia Basada en Género (VBG). Ambos trabajan sobre la violencia, el acceso a la justicia y la importancia del enfoque diferencial para atender a las mujeres.

Una lucha por la justicia

Nérvita Moreno López es maestra y trabajadora social de profesión. Si le preguntan por su experiencia en la Red contesta con una risa cómplice. Fue una de las pioneras de la Red y, por ende, uno de los hilos conductores. Ingresó hace más de 20 años y ha ocupado casi todos los cargos. Es coordinadora del proyecto Justicia de Género, un componente que visibiliza la ruta de acceso a la justicia y acompaña a las mujeres para atender sus problemáticas de manera correcta.

Su programa trabaja con 60 lideresas de 10 municipios: Unguía, Riosucio, Bojayá, Carmen de Atrato, Bajo Baudó, Istmina, Tadó, Medio San Juan, Nóvita y Condoto. Atiende a las víctimas de cualquier tipo de violencia, como la física, la laboral o la psicológica. “Es importante comprender que la violencia contra la mujer no es algo natural ni cotidiano. Estas agresiones merecen tener relevancia”, dice Nérvita.

En La Guajira, la Orinoquía, la Amazonía, el Chocó, el Urabá y en las selvas de los valles de los ríos Cauca, vivían centenares de comunidades de las cuales en la actualidad quedan pocas.

Foto: © Facebook Red Departamental de Mujeres Chocoanas

Sin embargo, los derechos de las mujeres también son vulnerados cuando intentan acceder a la justicia. En algunos casos, al recurrir a las instituciones reciben respuestas inadecuadas o datos incompletos. Incluso, si los entes reaccionan, puede ser demasiado tarde. De acuerdo a la Corporación Humanas, en 2018 hubo 42.753 casos de violencia de pareja, y entre enero y septiembre del 2019 se registraron cinco feminicidios y cuatro tentativas de homicidio.

Ante la vulnerabilidad y la tipificación institucional, Nérvita y sus compañeras de proyecto promocionan la ruta de acceso a la justicia. Este es un camino para identificar las entidades locales y para que las mujeres sepan a qué institución recurrir si tienen un problema. Esta apuesta pedagógica disminuiría la tasa de necesidades jurídicas insatisfechas en el Pacífico, que alcanza el 63,91%, según el Departamento Nacional de Planeación.

Esta promoción no es un trabajo exclusivo con la ciudadanía. Nérvita y la Red también trabajan con las instituciones judiciales. Visitan las Comisarías de Familia, los Juzgados o la Personería para hablar con los funcionarios y desarrollar jornadas de sensibilización. El objetivo es que reconozcan la importancia de su labor y de sus deberes con las víctimas. Con estas labores, la Red pretende disminuir los índices de desconfianza y acercar los entes de justicia a las mujeres.

En esa misión, el proyecto de Nérvita trabaja en conjunto con otro hilo. Anny Raquel Córdoba es integrante de la Red desde el 2003. Llegó por pura pasión y allí encontró su horizonte. Es terapeuta respiratoria y estudia Administración de Empresas. Coordina el programa de Violencia Basada en Género que trabaja con nueve víctimas de VBG, las representa judicialmente y realiza un acompañamiento psicosocial.

© Facebook Red Departamental de Mujeres Chocoanas

Esa cercanía que han logrado con las instituciones judiciales también es una suerte de alianza. Muchas veces, los funcionarios llaman a la Red o a Anny Raquel. “Llegó una mujer y no tiene cómo representarse”, les dicen. Entonces contactan a la víctima e intentan romper la primera barrera: el miedo. La psicóloga especialista en género conversa con ella sobre su situación, sus derechos, las posibilidades legales y de por qué es importante denunciar. Con eso, la víctima permite o no que la representen. Si lo aprueba, inicia el proceso. Las integrantes del proyecto asisten a las audiencias, siguen el caso y negocian la restitución integral. A veces, las perjudicadas prefieren dar marcha atrás y evitar la sentencia, pero han aprendido que deben recurrir hasta la última instancia para hacer justicia.

Es importante que todos reflexionemos sobre todo lo que nos han hecho creer que es exclusivo de las mujeres”, dice Nérvita. A pesar de que la Red fue creada por mujeres, sus jornadas y apuestas también incluyen a los hombres. Nérvita y Anny Raquel coinciden. Para defender los derechos de las mujeres y disminuir las brechas de desigualdad, es necesario que los hombres comprendan su lucha en términos de respeto e igualdad.

Ha sido difícil pero han logrado contrarrestar el machismo. Nérvita recuerda uno de sus mayores logros. Una lideresa de Alto Baudó viajó hasta Quibdó para participar en una de las jornadas de la red. Se enamoró del proceso y prometió regresar. Días después, sus compañeras llamaron a Nérvita para contarle que el esposo la había maltratado y casi la mata. Él creyó que se había ido a “corrinchear” o de desorden. Semanas después, Nérvita viajó a Alto Baudó para realizar otra jornada de trabajo. La coordinadora reconoció al agresor y procuró realizar la actividad cerca a donde estaba. Alzó el tono de su voz, lo cuestionó y hasta lo invitó a participar. “Mi gran sorpresa fue cuando en la siguiente sesión, de nuevo en Quibdó, él mismo acompañó a la señora. Ella se convirtió en una de nuestras integrantes más fuertes y el esposo nos ayudó en muchas labores de la Red”.

Sus logros, sus visitas y el voz a voz han hecho que la Red sea conocida en todo el departamento. Antes, salían a buscar historias o preguntaban por algún conflicto. Ahora, las mujeres las llaman y tocan a su puerta. Quieren participar en esas jornadas tan famosas y que sus amigas tanto halagan. Que “es un espacio de desahogo”, “que hacen encuentros espirituales para sanar la mente”, “que dictan clases y talleres”, cuentan. Con el paso de los días, más y más hilos de colores quieren sumarse a ese tejido.

La Red realiza la Escuela de Fortalecimiento Socio Político y Empresarial para las mujeres chocoanas, para trabajar la Justicia de Género y Justicia Comunitaria. El objetivo es que conozcan la jurisprudencia para la reivindicación de sus derechos vulnerados por el solo hecho de ser mujeres.

Foto: © Facebook Red Departamental de Mujeres Chocoanas

Hoy, las lanchas reposan junto al malecón de Quibdó. Debido a la pandemia, las mujeres de la Red no han salido de la capital, pero mantienen comunicación con sus colegas. Algunas usan medios virtuales; otras, el teléfono y las llamadas. Les bastan unos cuantos minutos para preguntar cómo están, cómo va todo en el municipio y si han tenido algún problema. También han aprovechado las restricciones para realizar un acompañamiento más solidario. Hicieron una alianza estratégica con el Banco BBVA para repartir más de 300 kits y mercados entre las mujeres que más lo necesitaran.

Más que la sostenibilidad o la economía, Raquel cree que el principal reto que tiene la Red es lograr la equidad de género y la reivindicación de la mujer. Para ello, es indispensable una política de género que trate aspectos como los derechos laborales, el acceso a la salud y la educación. Esperan que la Gobernación y la Alcaldía escuchen sus peticiones e incluyan sugerencias dentro de los planes de gobierno. “Si no está en papel e instituido, no sirve. Es necesario para que podamos ejercer el derecho”, dice.

También esperan fortalecer sus unidades productivas que les valen aplausos de turistas y locales: las artesanías de Manos Creativas y la Tienda Artesanal, o el deleite gastronómico de Fruti Chocó o la Paila de mi Abuela. Todos los recintos son fuentes de empleo para las mujeres y un reconocimiento de la cultura del Pacífico.

Cualquiera sea el desarrollo de sus proyectos, Raquel y Nérvita saben que el trabajo no se queda ahí. “Empezamos hace 27 años y tenemos mucha tela por cortar –cuenta Raquel–. Estamos en un 20 o 30%. Todavía nos falta y debemos seguir”. Quieren fortalecer la Red, recibir más integrantes y apoyar a más mujeres del departamento. Sobre todo, a aquellas que habitan en las zonas rurales o en aquellos municipios a los que todavía no han llegado.

Nérvita, Anny Raquel y las más de 1.000 integrantes de la Red seguirán trabajando con ahínco y pasión para minimizar los índices de violencia, defender los derechos de las mujeres y devolverles la confianza en la justicia. Sobre todo, para acompañarlas y recordarles que no están solas. Que hay un tejido que las apoya a todas y que, en vez de soltar los nudos, los apretará con más fuerza. 

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