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Región del Urabá, Antioquia

Las víctimas de Urabá tocan a la puerta de la JEP

Fotografía por: Alejandro Acosta | Revista Dinero

En Urabá, el desplazamiento forzado dejó semillas sin sembrar. La incursión de los paramilitares, de la Fuerza Pública o de la guerrilla obligaron a los campesinos a salir de sus tierras. 144 de ellos, salvaron algunas semillas que hoy esperan germinar en forma de esperanza y reparación. Con el apoyo de la Fundación Forjando Futuros, estos campesinos pueden ser reconocidos como víctimas y volver a sembrar en sus tierras.

La Fundación Forjando Futuros representa a 144 víctimas del Urabá Antioqueño. En total, trabaja con 92 poderes: 90 individuales y dos colectivos. Todas son víctimas del conflicto armado y han trabajo con la fundación durante un largo tiempo. Este año se presentan ante la JEP para ser reconocidas como víctimas de desplazamiento forzado, una de las conductas que investiga la Jurisdicción.

Sin embargo, este no es el primer acercamiento con la JEP. La mayoría de las 144 personas está acreditada en la Jurisdicción: en los poderes individuales, cuentan las de la Chinita, y en los colectivos, los 22 miembros de la Asociación Tierra y Paz y los 32 integrantes de la Comunidad Cauchera de Mutatá. Ahora esperan que la JEP reciba a las víctimas de Guacamayas, Macondo, Blanquicet y del corregimiento de Nueva Colonia.

Sus historias harán parte del caso 04 de la JEP, que prioriza la situación en el Urabá, Bajo Atrato y Darién, de los departamentos de Antioquia y Chocó. Es uno de los casos más recientes. Se abrió en 2018 y abarca los hechos ocurridos entre el 1 de enero de 1986 y el 1 de diciembre de 2016. En el caso hay 35.174 víctimas acreditadas, de las cuales el 69% son comunidades indígenas y el 18% afro. Sin embargo, las víctimas que representa Forjando Futuros se identifican como campesinas.

La situación territorial de la región de Urabá se prioriza dando tratamiento simétrico, equitativo, equilibrado y simultáneo a los casos asociados a conductas cometidas por miembros de las Farc-EP y de la Fuerza Pública entre 1986 y 2016 en los diez municipios delimitados”. Jurisdicción Especial para la Paz, caso 04.

Alexandra Martínez, coordinadora de cooperación internacional de la Fundación, hace algunos cálculos. Forjando Futuros surgió en el 2004 para trabajar con las comunidades del Urabá y Oriente antioqueño, y del Bajo Cauca. Dos años después, inició el trabajo con las víctimas de este caso. Identificaron unas problemáticas y plantearon una misión que está vigente: no dejar solas a las víctimas. Sin importar financiamiento o cooperación, las acompañan en los procesos judiciales.

Foto: © Archivo Semana

Incluyeron el caso de Urabá dentro de sus líneas de trabajo, la restitución de tierras. Al inicio, integrantes de Forjando Futuros visitaron las comunidades, escucharon los testimonios y propusieron alternativas de apoyo judicial y psicosocial. Desde el comienzo, la Fundación fue clara: el proceso de reconocimiento y restitución es algo dispendioso y demorado. Incluso, puede ser incierto. No se sabe en qué etapa puede concluir.

Sus aclaraciones fueron crudas pero necesarias. Según datos publicados por la ONG, la restitución de tierras en Colombia es un asunto desalentador. Nueve años después de su implementación, solo se ha restituido el 5.8% de las tierras. Hasta el 20 de mayo, hubo 6’500.000 hectáreas despojadas, de las que solo se recuperaron 375.000. Además, agrega que los principales victimarios fueron los paramilitares (55%), los enfrentamientos entre grupos armados (22%) y las guerrillas (16%).

La historia del despojo en Urabá inició a finales de los 80. La riqueza de sus tierras fue motivo suficiente para convertirse en objetivo de los empresarios. Las plantaciones de palma de aceite, así como la extracción de oro y coltán, pasaron a manos de empresas agropecuarias y agroindustriales que usaron a los ‘paras’ para apropiarse de los terrenos. Los campesinos salieron de sus casas y, años después, muchos no han podido volver.

Por eso una de las líneas de trabajo de la Fundación es la restitución de tierras. Hasta el 15 de abril, Forjando Futuros ha representado 60 sentencias. Ha logrado restituir 97 predios y  recuperar 860 hectáreas en el departamento. De ellas, 689 son de Urabá. Otros de sus logros recientes fue estudiar 5.600 sentencias emitidas entre el 2012 y el 2020. Con su trabajo, magistrados y jueces de restitución le ordenaron a 66 empresas que devolvieran sus tierras a los campesinos. Entre las compañías, se contaba la bananera Dole.


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Abordar la restitución va más allá de los predios o lo jurídico. “No es recuperar la tierra por la tierra, sino todo lo que se teje a su alrededor: relaciones familiares, seguridad, comunidad, trabajo de equipo y sentimiento de poder”, cuenta Alexandra. Hablar, escuchar y recordar qué ocurrió es necesario para sanar.

Alexandra también recuerda los comentarios de algunas víctimas y encuentra una queja común: hay muchas iniciativas de reparación pero no hay continuidad. Para las víctimas, es difícil superar el miedo. Cuando encuentran una pizca de valentía, cuentan su historia y su dolor. Sin embargo, a los días o a las semanas, empiezan desde cero. El equipo de trabajo cambió, alguien se llevó esa historia que con tanto recelo guardaban. Entonces, debe repetir el proceso y contarla una vez más. No hay persistencia. Ante el escepticismo y el miedo, Forjando Futuros propuso una reparación moral liderada por un equipo de trabajo permanente*. El objetivo es promover un ambiente de confianza.

Los espacios para sanar y acompañar a las víctimas son una apuesta de la justicia restaurativa. Esta propuesta, relacionada con instituciones como la JEP o la Comisión de la Verdad, rompe un paradigma. Alexandra reconoce que comprenderla es un desafío a largo plazo que implicaría un debate álgido; no obstante, es necesario para entender la reparación. “Como sociedad, estamos acostumbrados a entender la justicia como algo punitivo -cuenta-. Pensamos “el otro debe sufrir, igual que yo o hasta más, para sentirme bien”. Debemos ser conscientes que no podemos cambiar qué sucedió, que debemos mirarnos a los ojos y decir la verdad”.

Foto: © Archivo Semana

Cuando Forjando Futuros visitaba el Urabá, los salones o espacios de reunión se convertían en una extensión del campo. Volvían las praderas, los cultivos y los ranchitos del pueblo. Los campesinos recordaban cómo era aquél lugar. Antes del desplazamiento, eran líderes de proyectos comunitarios, algunos compraban y vendían productos típicos de la región y otros hicieron grupos para mejorar la atención en salud. Recordaban que esos logros, que les devolvían la valentía y la perseverancia, fueron producto de su esfuerzo y su autonomía.

Era un ejercicio motivante. Ahora, debido a la pandemia, los encuentros pasaron de los salones a los grupos de WhatsApp. Realizan sesiones individuales o grupales con mensajes o videollamadas. El equipo de la Fundación escucha sus historias, realiza entrevistas y busca información para contextualizar la problemática. A pesar de que hay casos individuales, los campesinos suelen hablar en plural: proponen una reparación colectiva a partir de la educación, la reconstrucción de sus proyectos y el acompañamiento psicosocial.

Aparte de las sesiones en comunidad, el equipo acompaña a las víctimas durante los procesos judiciales. Antes y después de las audiencias, riegan la semilla. En el calentamiento escuchan ritmos tranquilos, hacen ejercicios físicos de relajación y respiración, y proponen reflexiones sobre la reconciliación y el perdón. Entran a la sala. Hablan, recuerdan y escuchan. Termina la audiencia. Algunas heridas parecen abrirse y otras arden con mayor intensidad. Vuelven a reunirse. Expresan y evalúan las emociones que les dejó el encuentro.

Aunque estamos recordando, la gracia es saber qué nos sirve y hacia dónde continuamos”, dice Alexandra, ignorante de que su frase también sirve para el trabajo de la Fundación. Ahora, con paciencia, esperan la respuesta de la Jurisdicción. Con su aprobación, las víctimas participarán en las etapas procesales del caso 04. Es decir, podrán aportar pruebas, asistir a las diligencias e interponer recursos, recibir asesoría, orientación y representación judicial; ser informadas del avance del proceso y solicitar medidas de protección, en caso de necesitarlas.

Debido a la cuarentena, la respuesta podría llegar en julio. Mientras tanto, Forjando Futuros continúa con su trabajo y esfuerzo para reiterar su compromiso con las víctimas. Su apoyo y la acreditación ante la JEP son los primeros pasos para la reparación integral. Anhelan los logros, encuentros y testimonios sirvan para regar la semilla que cada víctima guarda con recelo, para que por fin, luego de tanto años, puedan sembrarlas en su propia tierra.


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* Nombres sin identificar por razones de seguridad.

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