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Nariño, Colombia

Por la vida y la valentía: una campaña que exalta la labor de las defensoras de derechos humanos

© CODHES

En Nariño, hay artistas empíricas que aprendieron a comunicarse sin palabras. Utilizan el sonido de los alabaos, el ritmo de los cununos o los tejidos en honor a sus ancestros. Otras prefieren vestir prendas llamativas o adornar su pelo. Una de ellas es Dora Landazuri. Camina por las calles de Tumaco, allí donde el verde de la selva y el gris de la ciudad se mezclan. Cuando está feliz, usa un tocado de tonos azules, fucsias y amarillos, pues aprendió que los colores y el arte le servían para narrar esa historia que, muchas veces, no aparece en los medios de comunicación o que está oculta por el temor. Ella, al igual que sus compañeras lideresas, lucha para demostrar que Tumaco y el Pacífico Nariñense también son refugios de vida.

Dora tiene 48 años y empezó su labor social muy joven, cuando a los 15 años perdió su brazo derecho por entrar en contacto con unos cables de alta tensión. Sufrió quemaduras de tercer y cuarto grado, y la amputación de su extremidad. Su accidente la inspiró para ayudar a los demás y hoy trabaja con niños, jóvenes, adultos mayores y sujetos en condición de discapacidad. No quiere dejar a nadie por fuera ni quiere desistir de su compromiso social. Desde el año pasado, se unió en Tumaco a una red de compañeras nariñenses que, al igual que ella, luchan por la convivencia, el respeto a la vida y la paz.

Mujeres que Protegen es una campaña departamental de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) que trabaja con lideresas y defensoras de derechos humanos para generar capacidades y construir planes de autocuidado, prevención y protección. Esta campaña tiene cuatro grandes apuestas, cada una en un municipio de Nariño: contar el territorio, en Tumaco; defender y proteger la vida, en Barbacoas, fortalecer los procesos de ancestralidad, en Francisco Pizarro, y desarrollar mecanismos de construcción de paz, en Pasto. En sus esfuerzos también cuentan con acompañamiento jurídico, psicosocial, administrativo y comunicativo.

Contamos el territorio a través de la unión y los sentidos. No queremos centrarnos en las problemáticas sino posicionarlo desde los sueños y la mirada bonita de las lideresas. Nos basamos en un ejercicio periodístico de soluciones”, dice Andrés Orozco, oficial de comunicación de CODHES. Todo inició con el fondo concursable que realizó Prodefensoras, una alianza entre ONU Mujeres, la Embajada de Noruega y la Defensoría del Pueblo. La iniciativa trabaja en 85 municipios de Nariño, Cauca, Chocó y Antioquia, y apoya a más de 3.000 lideresas.

Esta campaña tiene cuatro grandes apuestas, cada una en un municipio de Nariño: contar el territorio, en Tumaco; defender y proteger la vida, en Barbacoas, fortalecer los procesos de ancestralidad, en Francisco Pizarro, y desarrollar mecanismos de construcción de paz, en Pasto.

Foto: © CODHES

© CODHES

El enfoque de género es necesario para entender las violencias contra las lideresas y defensoras, especialmente porque en el acceso a la justicia suelen ser revictimizadas y muchos de sus ataques son catalogados como “conflictos de pareja” o “líos pasionales”. “No reconocen que las mujeres corren riesgos y que su trabajo es importante en los territorios —cuenta Andrés—. Ellas activan las rutas para auxiliar a sus compañeras y tienen procesos de protección autóctonos”.

El proyecto incluye el enfoque étnico con la ayuda de las Comadres de la Asociación de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes), la Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa), y las alianzas locales con más de 16 organizaciones. Hasta el momento, han beneficiado a 200 lideresas y defensoras de Nariño y esperan llegar a 400.Hacerlo de esta manera permite reconocer los riesgos, la discriminación y la violencia sistemática que enfrentan las defensoras de los derechos humanos, las cuales se agudizan por el hecho de ser mujeres o de una minoría étnica, e impulsa al Estado para adoptar políticas y programas concretos que creen entornos seguros y propicios para el desarrollo de su labor”, asegura Patricia Fernández-Pacheco, representante en Colombia de ONU Mujeres.

Dora menciona algunas barreras como el machismo y la discriminación, que atacan de igual manera a las mujeres afro e indígenas del departamento. Contrario a lo que creían, la pandemia y las restricciones por el covid-19 aumentaron la problemática. De acuerdo con cifras del Programa Somos Defensores, en el primer semestre de 2020 se registraron 125 agresiones individuales contra defensoras, pero el sistema asegura que “hay un subregistro por las dificultades para realizar el monitoreo durante la pandemia”.

La salud mental de las mujeres también fue víctima. El estrés, la ansiedad y el temor causados por el encierro abrumaron a Dora. No podía ver ni escuchar noticias sin llorar. Hubo un tiempo en el que participó en un proyecto de mindfulness, una técnica para prestar atención a lo que acontece con aceptación y sin intenciones de juzgar. Cuando terminó el proceso, quedó a la deriva. “Quería realizar más talleres pero nadie se preocupaba por cómo estábamos las mujeres o qué queríamos —recuerda Dora—. Cuando CODHES nos explicó la propuesta, fui una de las lideresas más felices”.

Mujeres que Protegen incluye una línea de trabajo para capacitar a las lideresas y dejar capacidad instalada en sus municipios.

Foto: © CODHES

© CODHES

Los talleres de Mujeres que Protegen duran uno o dos días. Dora y sus compañeras viajan con las palabras: conocen qué ocurre en los otros tres municipios, escuchan las historias de éxito o las denuncias a priorizar. Con esto, reiteran la importancia de la protección de la vida y plantean soluciones o alternativas ante las problemáticas locales.

En los espacios también hay lugar para la cultura. Muchas de las asistentes narran sus historias a través de la poesía, las canciones o un buen plato de la gastronomía típica. Es común que las mujeres indígenas lo hagan con los tejidos y las mujeres afro aprovechan sus cabellos para expresarse. Si Dora está triste, recoge su pelo y utiliza un turbante rojo o negro con beige; si está de luto, se peina hacia abajo y utiliza un accesorio blanco. Incluso, algunas compañeras tienen peinados específicos para emitir alertas o advertir a sus compañeras.

Cada encuentro es un espacio de sanación en el que conversan sobre sus alegrías y temores. Dora repite su historia para presentarse y cicatrizar algunas de esas heridas que aún se asoman en su piel. Es hija de una familia campesina, trabajadora social y madre de dos jóvenes a quienes no acompaña su padre. Disfruta la política y la gestión de proyectos. Fue víctima del conflicto armado y de violencia intrafamiliar, pero cuenta que ningún obstáculo puede detenerla. “Dora es una mujer que le ha tocado muy duro, pero lo que ha vivido le ha servido para ser fuerte”, dice en tercera persona.

Katherine Zamudio, coordinadora nacional de género de CODHES, no deja de sorprenderse del valor que demuestran para superar las experiencias difíciles que han vivido. “Ellas nos hablan de resistencia, de pervivir, de crecimiento y construcción colectiva. A pesar del conflicto, nos muestran que sus barrios, los consejos comunitarios y los resguardos son entornos protectores”.

Dora fue víctima de dos desplazamientos forzados. En el 2014 abandonó su ciudad para viajar a Cali y en el 2016 nuevamente vivió un desplazamiento intraurbano. En ambas ocasiones, el coraje y el corazón pudieron más: regresó por su familia y su tierra. Sin embargo, aún es objetivo de amenazas, por lo que CODHES la incluyó en el Fondo de Asistencia de Emergencia para lideresas en riesgo. Con la Unidad Nacional de Protección (UNP) trabajan para sacarla de su barrio y ubicarla en otro lugar de Tumaco, pues ella se resiste a abandonar de nuevo su ciudad.

Los talleres son espacios de libertad y relatos: las mujeres recuerdan sus experiencias, cuentan qué ocurre en sus municipios y proponen soluciones a las problemáticas.

Foto: © CODHES

© CODHES

Katherine explica que otra prioridad en el programa es el acceso a la justicia pues es común que las mujeres hagan denuncias pero no haya judicialización ni seguimiento al caso. Según cifras que la Fiscalía le dio a la organización Sisma Mujer, de 106 casos de defensoras de derechos humanos asesinadas entre 2009 y el primer semestre de 2019, 91 están en etapa procesal y 15 casos no tienen ninguna información.

Queremos llevar todas estas afectaciones a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para ver si de alguna forma estas situaciones pueden tener eco nacional e internacional”, dice Katherine. También buscan continuar con las acciones pedagógicas que incluirán podcasts, videos y cartillas para niñas y jóvenes del departamento. Una de estos documentos será en awapit, la lengua del pueblo awá.

La campaña de Tumaco puede ser consultada en la página web de Codhes y la de Barbacoas estará disponible el próximo mes. En marzo viajarán a Francisco Pizarro y en junio estarán en Pasto. La idea es repetir los procesos de formación y acompañamiento en ambos destinos y llevar a cabo los procesos de ancestralidad, cultura y paz.

Dora lleva casi 30 años como lideresa social y aún no termina. Quiere encontrarse con otras mujeres afro e indígenas, auxiliar a la población discapacitada de Nariño y bailar junto a la comunidad en esas fiestas de fin de año que a veces se alargan hasta el 3 de enero. Acepta que las barreras son grandes, pero que cada día la motiva a seguir con su labor y defender la integridad y la vida de sus compañeras y de las otras mujeres del departamento.Invito a las mujeres a que nunca se enfrenten sino que se cuiden ellas mismas porque la mujer cuida a la mujer —dice—, porque nosotras nos acostamos siendo víctimas y nos levantamos siendo sobrevivientes”.

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