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Istmina, Chocó

Una voz de ayuda en medio del temor y la desconfianza

© Mateo Medina

En algunos corregimientos de Istmina (Chocó), la autoridad está dividida entre los grupos armados y los consejos comunitarios. Si algún foráneo entra a la zona, debe avisar, incluso si su visita se debe a motivos laborales. Lina Marcela Moreno cuenta que esa dinámica es casi tan antigua como la misma violencia. Ella, como otros actores de justicia local, prefiere hacerlo para evitar inconvenientes o situaciones que lamentar. Cuando viaja y entra a estas zonas, se limita a hacer su trabajo: escucha, presta atención y soluciona esos problemas que parecen no resolverse. Allí demuestra que la justicia local también es una autoridad.

“Es muy gratificante servirle a los demás y ayudarles a resolver esos problemas que parecían difíciles de arreglar”, dice Lina. Ella es una de las 24 conciliadoras en equidad de Istmina: resuelve riñas entre vecinos, problemas de linderos y otros inconvenientes. Su labor ayuda a fomentar las soluciones pacíficas y a descongestionar las instituciones jurídicas. Su experiencia ha sido grata, pues son más las personas que acuden con ánimo de conciliar que quienes prefieren discutir. Las armas de Lina son las que caracterizan a un buen conciliador: la objetividad, la mediación y la escucha.

Lina es de Condoto, otro municipio de la región del San Juan. En el 2009 llegó a Istmina para estudiar, realizó un curso de sistemas y en 2013 hizo sus prácticas en la Casa de Justicia. Allí se enamoró de la justicia local y el diálogo. “Eso me permitió conocer esta labor tan humana y dignificante”, dice. Continúo en la Casa y se unió a la oficina de equidad de género, un área para orientar a las mujeres que quieren solucionar o denunciar cualquier vulneración a sus derechos. En ese momento, le ofrecieron un curso de conciliación. “Llegó la oportunidad y me inscribí de una”, recuerda. Lo que no tenía en experiencia lo compensaba con ánimo y persistencia: aprendió de sus colegas, prestó atención a los casos que trataban y pasó las pruebas técnicas. Desde 2017 es conciliadora en equidad.

Foto: © Mateo Medina

Por logística y presupuesto, Lina decidió trabajar en la cabecera municipal. Solo viaja si va a su tierra natal o si tiene capacitaciones y de paso, se encuentra con colegas de Nóvita, Tadó y otros municipios de San Juan. “Poco a poco las personas reconocen nuestra labor —admite Lina—. Es importante que identifiquen estas alternativas en las que ellos mismos pueden proponer sus fórmulas de arreglo y solucionan sus problemas con la intermediación de un tercero”. También viaja a las Jornadas de Justicia Móvil, un espacio en el que capacitan a la población sobre sus derechos, las rutas de acceso a la justicia o cómo solucionar inconvenientes. Allí participan Medicina Legal, la Fiscalía y otras dependencias jurídicas como la Comisaría de Familia y la Personería.

Una de sus apuestas es crear campañas para disminuir el machismo y la violencia contra las mujeres, mientras fomentan rutas de atención para reconocer y denunciar cuando son víctimas. Esta herramienta ha sido útil durante la cuarentena por el coronavirus en la que, de acuerdo con Sisma Mujer, cada 10 minutos se denunció un caso de violencia intrafamiliar y cada 25, un feminicidio. En el caso de Istmina, Lina cuenta que la Comisaría de Familia priorizó estos casos para atenderlos de manera ágil y oportuna.

A pesar de los esfuerzos, acceder a la justicia aún es un desafío. “Cuando hablamos de justicia en Chocó, sabemos que es un proceso lento y el acceso para las mujeres es más difícil”, dice Lina. Ella menciona que la distancia entre zonas rurales y urbanas es uno de los principales problemas, pues las mujeres no pueden costear los pasajes o hacer los recorridos por falta de dinero o un trabajo estable. Por ejemplo, si una habitante de Carmen del Darién necesita alguna dependencia del Comité Local de Justicia, debe navegar por el Atrato casi 400 kms para llegar a Bojayá o a Riosucio, dos de las diez sedes que hay en el departamento.

El desconocimiento de la ruta de atención es otro problema. Si una mujer es víctima de violencia física, debe acercarse al hospital para recibir atención oportuna y luego, debe denunciar ante la Fiscalía, la Comisaría de Familia o algún conciliador. No obstante, algunas enfermeras del hospital de Istmina admitieron que no identifican las dependencias de la Casa de Justicia, por lo que la denuncia se queda a medias. Durante la pandemia, Lina conoció un caso de violencia por parte de un empleador. La mujer recibió una incapacidad de dos semanas y, cuando iba a realizar la denuncia, la Fiscalía estaba cerrada. Quince días después la mujer regresó, pero al no tener síntomas ni rastros del ataque, la agresión quedó impune.

Foto: © Mateo Medina

© Mateo Medina

Nuestro municipio está ubicado en una zona de conflictividad bastante alta —dice Lina—, entonces acceder a la justicia es importante porque le hace frente a la violencia y permite que las personas solucionen sus conflictos de manera pacífica”. Como una alternativa ante el machismo y la discriminación, las comunidades del Chocó han trabajado para unir esfuerzos entre las dependencias del Comité Local de Justicia, como los juzgados, la Inspección de Policía y la Comisaría de Familia. Entre todos determinaron que una de sus prioridades serían los asuntos de género, mujeres y familia. Por ejemplo, en la última jornada del 2020, decidieron que el ICBF creará un material pedagógico dirigido a las madres cabeza de familia que incluirá temas de emprendimiento, trabajo e integración.

Otra estrategia es combatir la misoginia, derivada del machismo estructural que golpea a la región del Pacífico. Cuando los ciudadanos visitan las instituciones y ven que una mujer atenderá el caso, prefieren dejar así e irse. Incluso, en algunas ocasiones, las mismas mujeres rechazan la idea. Ante el miedo o la desconfianza, Lina responde con paciencia y respeto. Sabe que para muchas “compañeras”, como prefiere llamarlas, denunciar no es fácil, pero las convence de que la conciliación es un espacio sin juicios o señalamientos: Denuncien y no se sientan solas. Muchas veces no lo hacen por temor, dependencia o incertidumbre, pero pueden superarlo. Hay que luchar por lo que uno quiere. Al principio puede ser difícil, pero eso hace parte de la vida y del crecimiento personal. Si no hay una historia que contar, no hemos vivido lo suficiente”.

Si le preguntan por su historia, Lina recuerda su infancia y las dificultades económicas que tuvo para estudiar. También el viaje a Istmina, los inicios en la Casa de Justicia y el descubrimiento de su faceta social. Piensa que, si se hubiera quedado en Condoto, quizás no hubiera despertado ese amor que hoy siente por la conciliación. Tampoco habría conocido a esas personas que, gracias a su acompañamiento, volvieron a sonreír después de un problema crítico o una riña sin sentido. Siempre está dispuesta a ayudar a los demás, aunque reconoce que el tiempo es su mayor enemigo.

Foto: © Mateo Medina

© Mateo Medina

Para Lina el ocio es un eufemismo. Trabaja en la Casa de Justicia y la Corporación Mujeres Líderes Chocoanas Emprendedoras de Istmina, una organización compuesta por mujeres afro, indígenas y mestizas del municipio, que también son víctimas del conflicto o madres cabeza de familia. Lina se encarga del acompañamiento y la orientación en asuntos económicos, sociales y laborales. Además, tienen una tienda de artesanías para generar empleo y exaltar la cultura del departamento.

Cuando puede, Lina disfruta las tardes en casa, escucha música o ve televisión. También se dedica a las labores del hogar o ayuda a sus sobrinos con las tareas. El resto del tiempo trabaja. Antes conciliaba tres días a la semana, pero gracias a la acogida de la comunidad de Istmina, ahora atiende casos todos los días.

No le preocupa, pues ha aprendido a dividir su tiempo entre la Corporación, la oficina de equidad de género y sus labores personales. A veces se topa con ciudadanos que le llenan el teléfono de llamadas perdidas o levantan quejas si Lina no responde algún mensaje de WhatsApp. Es un reto lidiar con tantos ánimos y establecer límites u horarios en una labor que no suele tenerlos, pero Lina asoma esa sonrisa tímida que la caracteriza y sigue con su trabajo. Visita la Casa de Justicia para saludar a sus colegas, enterarse de algunas noticias y retomar los casos que acompaña. Cree que la conciliación es la mejor manera de enseñar y hacerle frente al temor, a la desconfianza y a la desigualdad que aún rondan por Istmina.

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